ARISTODEMO                    Un lugar literario
Alba de luna

  Algunos poemas del libro "Alba de luna", escrito por Antonio Rodas Sánchez,     Santiago, 1994

 

          SONÁMBULO

      Sombra de luna llevo en la vereda
      resbalando mi doble desvelado,
      me sumerjo en mí mismo adormilado
      y dejo que mi sombra me preceda.

      La seguiré en silencio mientras pueda
      ir conmigo en el rumbo enamorado
      amparado en la noche, incorporado
      en el cuarto de luna que me queda.

      No sonarán mis pasos inseguros
      cuando entre en tu calle ya dormida
      y se niegue tu puerta sorprendida.

      Se filtrará mi sombra por el muro
      irrumpiendo sonámbulo en tu mente
      por quedarme en tu sueño eternamente.

 

          CUANDO ESTÁS AUSENTE

    Hoja sin árbol, vuelo sin latido,
    ala sin cielo, pluma sin paloma,
    luz entornada, brisa sin aroma,
    tálamo solo acumulando olvido.

    Trino sin voz, campana sin sonido,
    luna sin noche, lámpara que asoma,
    parpadea, se alza y se desploma,
    falda que aflora y huye sin sentido.

    Transparencia sin velo sugerente,
    palabra oculta en el espacio frío,
    silencio que deambula irreverente,

    Labio atrapado en la sonrisa ausente,
    como vertiente helada en el vacío,
    como esperando el mármol una fuente.
 

 

          EN TU ATELIER

      No es sorpresiva tu afición al arte,
      se ilumina el pincel entre tus manos,
      es que espíritu y arte como hermanos
      mueven luces y sombras que departen.

      Se alza la tela como un estandarte
      blasón de lo real y de lo arcano,
      el sol, el árbol, el lomaje, el llano,
      todo concurre para incentivarte.

      Se esconde un arco iris en el lienzo
      fundido en tu paleta creacionista
      interpretando a la naturaleza.

      Conociendo tus aptitudes pienso
      que aparece la imagen del artista
      en el instante en que su acción empieza.

 

          RETRATO PÓSTUMO

      Tanto amaron mis ojos las violetas
      que hoy están en mis párpados dormidas
      buscad colores que me asignen vida,
      mirad el sol, vaciadlo en la paleta.

      No pongáis a mi rostro una careta
      que me deje la luz interrumpida,
      mostradme disfrutando mi partida,
      agitad en el lienzo mi silueta.

      Recoged en mis labios desunidos
      la voz que se quedó en mi recorrido
      rebotando en el viento y en los muros.

      No pintéis en mi espalda un lecho duro,
      que el cielo siempre me brindó la suerte
      de gozar con la vida y con la muerte.

  

 

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