ARISTODEMO                    Un lugar literario
Atisbando los misterios         Gonzalo Rodas Sarmiento

  El buscador de añoranzas

   Soy un buscador de añoranzas
   transparentes como un cristal,
   sumergidas en nubes blancas,
   pequeños mundos de verdad.

   Mis preguntas están conmigo
   dando vueltas alrededor,
   formando cúmulos o cirros,
   pidiendo al árbol su opinión.

   Árboles del conocimiento
   tienen benignas actitudes,
   y como de otro mundo vengo,
   responden a mi extraña nube.

   Desde qué remoto lugar
   salí en un día muy distante,
   y he venido al mundo real
   tan distinto y tan arrogante.

   Llegué hasta la orilla del mar
   y caminé sobre las rocas;
   quise ponerme a contemplar
   la maravilla de las olas.

   Cada ola tiene un propio fin,
   con su cadencia laboriosa,
   muchas pequeñas veo venir
   antes de una más impetuosa.

   Los pajaritos en familia
   enseñan a vivir en paz;
   cantan al inicio del día,
   y anuncian si no lloverá.

   Los insectos también enseñan
   a trabajar en sociedad:
   las hormigas tras una meta,
   las abejas en su panal.

   La creación es maravillosa,
   desde que un ave emprendió el vuelo
   fluye vida en celestes ondas,
   mecida con ritmo sereno.

   El lago es lo más fascinante,
   con aguas claras y tranquilas
   concibe múltiples paisajes,
   cada uno con su propia vida.

   En improvisado velero
   me interné en el lago una tarde
   para conocer sus secretos
   ocultos dentro de mensajes.

   Sobre el lago la luz del sol,
   espejitos del medio día,
   son una gran inspiración,
   desde el agua entregando vida.

         * * *

   Me asomé a la verde pradera
   donde disfrutan los caballos;
   vi fardos en una carreta,
   y un viejo tractor descuidado.

   A lo lejos se ven molinos
   y un granero arcaico elevado;
   y vista al norte como un rito,
   los vacunos están pastando.

   Busco la aguja en el pajar,
   aunque no es fácil la tarea,
   a resolver con un imán
   para acudir pronto a la siembra.

   Me gusta iniciar un sembrado
   de graciosa semilla nueva
   y regar con amor los campos,
   aunque no veré la cosecha.

   Estuvo regando la lluvia
   y el apacible arroyo manso
   y en la misma ocasión saluda
   a los sauces que están llorando.

   Lindos y breves arreboles,
   de preciosa manera anuncian
   con sus gestos y sus colores,
   que se viene la noche oscura.

   Los pequeños arbustos niños
   a esta hora se van a dormir,
   pero los grandes eucaliptos
   siguen disfrutando el violín.

   Bajo una cobertura negra
   siempre se esconde una luz blanca;
   he de buscarla y encenderla,
   y que los colores renazcan.

   Cuando estamos en noche negra,
   la tiniebla nunca se va;
   esperad que se desvanezca
   cuando llegue la claridad.

   Estuve en los lugares bellos,
   distraído me fui alejando,
   sin notarlo me fui saliendo
   hacia un llamativo empedrado.

   Al llegar a una encrucijada
   me di tiempo para pensar
   si será la vía empedrada
   la que me lleve a mi ciudad.

   Mirando hacia un lugar lejano
   diviso una luz en la noche;
   después de un día caminando
   esa luz se abrirá en faroles.

         * * *

   Viví cada uno de mis pasos
   y disfruté el avance lento;
   la distancia se iba achicando
   en firme y constante progreso.

   La primera casa del pueblo,
   tan bella como descuidada,
   triste soledad padeciendo,
   pide a gritos ser visitada.

   Me acerqué con mucho cuidado;
   al ver la puerta me asombré,
   algún día grabé sus rasgos,
   fue mi casa una antigua vez.

   La puerta no estaba cerrada,
   pude traspasar el resquicio;
   subí por la llorosa escala
   de peldaños entristecidos.

   Trato de encontrar una pista
   en el estante de los libros,
   y en la mesa de la cocina,
   y en cada rincón del pasillo.

   Miro dentro de los retratos
   y en el fondo de los espejos
   por si estuviera aún vibrando
   alguna mueca o algún gesto.

   Una radio grande y antigua
   en la habitación principal,
   como si estuviera bendita
   me sorprendió con su amistad.

   Un olvidado diapasón
   en el registro de mi mente
   el radioteatro revivió
   con actores liliputienses.

   El estilo que tiene el pueblo,
   y también su modo de ser
   está grabado en sus paseos
   y en la antigua estación del tren.

   Me fui a la plaza del pueblo
   para observar el devenir,
   vi alegres niños en los juegos;
   verde idilio, y pausa senil.

   A todo el pueblo dije Adiós,
   prometiendo que volveré;
   de nuevo estoy en la estación,
   abordaré esta vez el tren.

   La ventana del tren me muestra
   el viaje más entretenido,
   voy disfrutando la belleza...,
   trato de inventar mi destino.

         * * *

   Buscaré en el mundo del arte
   que sabe expresar bellamente
   la sorpresa que se nos abre
   para ser admirada siempre.

   Más de algún pincel habla en mí,
   otros pinceles hablan a otros;
   me gusta el reloj de Dalí
   y los sanfranciscos de Giotto.

   Los colores me significan:
   el rojo es el color de Amor,
   el amarillo es de la Vida,
   el violeta es de Comprensión.

   El azul es de la Verdad,
   el naranja es de la Alegría,
   el verde es de Creatividad;
   entre todos son sinfonía.

   Es agradable travesía
   sentir las notas del acorde,
   un concierto lleno de vida
   da color a las sensaciones.

   Las creaciones musicales
   tienen dentro de su sonido
   diminutas mágicas llaves
   para abrir baúles de niño.

   Desde dibujo concebido,
   enorme traslado de piedras,
   trabajando durante siglos,
   por otros tantos permanezca.

   Con impresionantes alturas
   y mirando la astronomía,
   hay construcciones que postulan
   a ser mundiales maravillas.

   Regalar belleza a una piedra
   es el arte del escultor,
   también al metal y madera,
   con la más honda dimensión.

   ¿Que si alguna puedo nombrar?
   En Caserta, unas fabulosas;
   emocionante La Piedad;
   maravilla en Plaza Navona.

   De bella forma el cine entrega
   la fotografía asombrosa,
   cómo se compone la escena
   de un pasado que vuelve ahora.

   Cómo un personaje revela
   alguno de los propios míos;
   los observaré en cada escena,
   desde mi palco favorito.

         * * *

   Busco los libros escondidos
   hasta debajo de las mesas;
   queriendo un asombro emotivo,
   una sorpresiva belleza.

   Me descubro en un personaje
   de algún relato bien escrito;
   es una foto hecha por alguien;
   me pregunto cómo he salido.

   Encontré en un libro una vez
   la clave de toda existencia;
   y en otro, y en otro también,
   llaves de ventanas y puertas.

   Con estas llaves que he leído,
   y ya las tengo bien salvadas,
   intento abrir baúles antiguos
   y los anaqueles del alma.

   Surgen airosas y valientes
   las fantasías inventadas,
   espejos para conocerme
   y descubrir ocultas alas.

   Por largo tiempo busqué el libro
   que siempre había querido leer;
   encontré que aún no ha sido escrito;
   entonces, yo lo escribiré.

   Escribo de mis personajes,
   así los doy a conocer,
   quiero que puedan expresarse,
   y conocerlos yo también.

   Permito que hable mi caballo,
   y el lápiz diga lo que piensa;
   también yo mismo estaré hablando
   en rol de estante o de una mesa.

   Me dirijo a la biblioteca,
   la del saber universal;
   el mago Melchor me aconseja
   en cual estante he de buscar.

   De la época es la galería,
   de comarcas son los estantes,
   de mi persona es la repisa;
   cien libros quieren renovarme.

   Escogí el libro más preciado,
   con páginas de vida propia,
   todas ellas están en blanco,
   y se presentan misteriosas.

   El copo de nieve en la hoja
   contiene mágicas semillas
   que germinan si es ya su hora
   regalando imagen amiga.

         * * *

   Comencé a buscar en el sueño,
   aventura tan fascinante
   en ese mundo de misterio
   con senderos originales.

   Habitaciones se convierten
   a veces en salas de teatro,
   o antiguos templos otras veces,
   con los asientos consagrados.

   En los templos no se presentan
   personas de túnicas blancas;
   vienen a tocar a mi puerta,
   ponen sus mensajes en casa.

   Tres cuadras he de caminar
   hacia la avenida importante,
   pero la calle no está igual,
   ni parecida a la de antes.

   De tanto empezar el sendero,
   demasiado lejos de todo,
   he malogrado mucho tiempo
   en lugares que no conozco.

   Si el reloj está muy extraño,
   simulando ser lo que no es,
   o si salta hora en breve lapso,
   asumo que sueño otra vez.

   Es grato vivir lucidez
   sin culpas, apegos ni miedos,
   en amistad desde mi ser,
   con mis personajes internos.

   Las soluciones de problemas,
   que en el sueño son admirables,
   pierden toda su coherencia
   al momento de despertarse.

   En el día sueño despierto,
   sueño con buenas actitudes,
   me permito los sentimientos,
   sin esforzarme enciendo luces.

   En la ilusión sigo buscando
   dentro de vedados aspectos
   imágenes de loco santo,
   lo que vendrá al llegar su tiempo.

   Es una aventura indagar
   en supuestas vidas pasadas
   imitando la realidad
   para encontrar sorpresas gratas.

   Desde la más remota vida
   vendrán con especial disfraz,
   acaso en imágenes vivas,
   personajes con dignidad.

         * * *

   Me salí del mundo del sueño
   y se desvaneció la escena,
   ya puedo revisar el sueño
   y mis recordadas vivencias.

   Reviso mi pasada historia,
   intento resolver enigmas;
   esas lagunas misteriosas
   que son escenas escondidas.

   Quisiera saber cómo ha sido
   aquello que apenas recuerdo
   y que otros lo ven muy distinto
   mirando de cerca o de lejos.

   Cuando recuerdo el tiempo antiguo
   veo unas luces y unas sombras
   durante el transcurso uterino
   en que empezó a ser mi persona.

   Y aquel tiempo de la colonia,
   el que parece prohibido,
   es una niñez fabulosa
   que la rechazo y la bendigo.

   En la más temprana niñez
   busqué verdad en el entorno,
   con disposición a aprender
   lo que brotase de buen modo.

   En la casa de mi familia
   viví durante muchos años,
   en ese tiempo ya era antigua,
   un eficaz refugio claro.

   Tantas cosas que ya no están:
   el camioncito del lechero,
   la librería principal,
   y el buen pregón del manisero.

   Voy a las calles de mi infancia
   y disfruto las vibraciones;
   ya no está la que era mi casa,
   pero el entorno habla en su nombre.

   La iglesia griega en la otra cuadra
   desbordaba nubes de incienso;
   recuerdo que yo atravesaba
   si me dominaba el recelo.

   Anduve por las otras calles
   cercanas a mi antigua casa;
   algunas persisten como antes,
   en todas recordé mi andanza.

   Quisiera quedarme por siempre,
   pero aceptable no sería;
   vuelvo a mi actualidad vigente,
   a preparar otra salida.

         * * *

   Llevo mis ojos a la cima
   de cada dominante cerro,
   también la pequeña colina
   en que se esconde el monasterio.

   Mientras subo con mi plegaria,
   vibro con los cantos antiguos
   que todavía se desplazan
   entre los olmos del camino.

   Son las migajas que cayeron
   desde el coro de aquellas veces,
   levantadas por buenos vientos
   en una época floreciente.

   En los antiguos monasterios
   están todavía las ondas
   que evocan el recogimiento
   de una oración maravillosa.

   No son palabras ni es imagen,
   es una seguridad tenue,
   lo que está viviendo en el aire
   es la alegría de atreverse.

   Casi recuerdo haber estado
   en distinta escala de tiempo
   con niños tenues conversando
   de lo esencial que llevo dentro.

   Descubrí olvidados aspectos
   cuando mi antiguo aprendiz
   le habló a ese futuro maestro
   que ya pensaba construir.

   Encontré también algo nuevo,
   dentro de lo que había antes;
   por primera vez es un fuego
   y ya insiste en iluminarme.

   Escenas antiguas que hoy vivo,
   tienen vigor en mis recuerdos,
   como cartas de medio siglo
   que recién llegan, justo a tiempo.

   Cartas que anuncian un mensaje,
   como bella sílaba antigua
   mostrando al final de la clase
   tarea para el nuevo día.

   Descendiendo por la ladera,
   todavía escuchando el rezo;
   con la antigua nueva tarea,
   busco en los mapas el sendero.

   Espero encontrar algún rastro
   en la bocina de los trenes
   y en la voz de los campanarios
   cuando están llamando a la gente.

         * * *

   Quisiera saber lo que tengo
   en la profundidad de mi alma;
   y no me basta con saberlo,
   he de sentirlo y dar las gracias.

   Con el mapa de la verdad
   estoy viajando a mi interior;
   facultades he de encontrar,
   dice mi amiga sensación.

   Fui a conocer en la altura
   las aptitudes creativas,
   con sus dos famosas columnas:
   imaginación y armonía.

   En este asombroso lugar
   los inventos no son inventos;
   se descubre un modo capaz
   de transformar la brisa en viento.

   Cada actitud va y permanece
   trayendo su propio lugar,
   y el lugar se queda en mi mente
   y no se quiere retirar.

   Unos lugares son molestos
   y me atrapan en su prisión;
   sólo escapar es cuanto quiero,
   y me cuesta tener valor.

   Algunos lugares son gratos
   y en ellos me conviene estar,
   con miedo a tener que dejarlo,
   y también con alegre paz.

   El buen estado es como un globo
   y en el aire revolotea,
   hasta que se termina todo
   cuando una aguja se atraviesa.

   Al ir desde el cuerpo hacia el alma
   me acerqué tocando verdades
   de sufrimiento y de esperanza
   en busca de la luz brillante.

   Un día veré lo invisible
   y antes sentiré su presencia,
   dejando que pueda estar libre
   la fuente de la vida plena.

   Yendo al centro de mi interior
   mi sensación es agradable,
   con la calidez del amor,
   la que no podría quemarme.

   Estoy en un monte-tabor
   que me ha dado un bello regalo
   como una transfiguración;
   he de bajar para anunciarlo.

         * * *

   Tengo que terminar mi viaje
   y volver a la gravedad
   llevando una maleta grande
   con el bien que pude captar.

   De esta fortuna hago buen uso,
   ilumino con emoción
   aquellos lugares oscuros,
   mientras salgo hacia el exterior.

   En la historia busco y encuentro
   algún personaje perenne;
   miro en ese mágico espejo,
   descubro mi actitud pendiente.

   La historia que me han enseñado
   es la de batallas y guerras;
   otra distinta estoy buscando,
   de la humanidad que progresa.

   Vengo a ver en la antigua Grecia
   famosos sabios y maestros;
   cruzando la ciudad de Atenas,
   me encuentro con Aristodemo.

   De Sócrates es buen amigo,
   un personaje narrador,
   con una actitud de servicio
   en El Banquete de Platón.

   La pequeña isla americana
   hoy se despertó con las voces
   desde lo alto de la mesana
   en nave de descubridores.

   Años después llegué a otra nave
   y me vestí de marinero;
   la que se hundiría esa tarde,
   entre los humos combatiendo.

   Existió la guerra sin ruido
   hacia magníficas personas,
   sabios presos han residido
   en las cárceles de la historia.

   No toda prisión tiene muros,
   no todas se cierran con llaves;
   talvez pueda escapar alguno
   sin que el cuidador lo desate.

   Al final encontré verdades
   sospechadas y dolorosas;
   jamás debieran olvidarse
   las desventuras que retornan.

   También encontré unas mentiras,
   mostrando lo que antes no vi;
   son ventanas para el que mira
   y algo consigue descubrir.

         * * *

   Ya que estoy viajando en el tiempo,
   voy a las tierras galileas
   empezando el primer milenio,
   selecto punto de la tierra.

   Volví al lago Genesaret,
   el lugar más privilegiado;
   sé que de nuevo escucharé
   las palabras del hombre sabio.

   Estoy sentado en la ladera
   de la concurrida colina;
   desde abajo, Jesús entrega
   sabias enseñanzas divinas.

   Felices son los que disfrutan
   con las pocas cosas que tienen;
   es Jesús quien les asegura
   descubrir el reino celeste.

   El Maestro es renovador
   en una lucha contra el mal,
   regala y enseña el perdón,
   el renacer y la amistad.

   Jesús enmienda los errores
   a todos los del universo;
   transforma al hombre en hijo de hombre,
   al hombre viejo en hombre nuevo.

   El Maestro quiso enseñarnos
   a confiar en certezas simples,
   que se hacen grandes si las damos,
   sustentan a quien las recibe.

   Aunque sucesos miserables
   no estén escritos en papel
   y hayan preferido taparse,
   todo se llegará a saber.

   Aunque las más hermosas perlas
   estén muy guardadas en cofres,
   desde antiguo ayer nos esperan,
   son luz de divinas naciones.

   Algunos de sus seguidores
   me recibieron con agrado;
   aquél apodado Zelote,
   y también los pares de hermanos.

   Y unas amorosas mujeres
   que Jesús supo valorar,
   una María diferente,
   la Magdalena primordial.

   Me dejaron participar
   en la misión de los setenta,
   servidores en amistad,
   y con disposición abierta.

         * * *

   Volvimos cansados y alegres
   a relatar nuestra aventura,
   cómo animamos a la gente,
   y aprendimos la esencia suya.

   Jesús vio que yo tenía algo
   para compartir con los otros;
   no estaba aludiendo al pan diario
   sino al pan vivo prodigioso.

   Tengo una antena natural,
   acogedora e incitante,
   la cual me permite escuchar
   susurros que están en el aire.

   Los susurros traen mensajes
   en divina modulación,
   podré gritarlos una tarde
   desde la cúspide mayor.

   El que tenga oídos que oiga,
   es la palabra de Jesús,
   y en el fondo de la persona
   se despierta un rayo de luz.

   Nos dijo Jesús esa vez,
   con motivo de su relato:
   "Si tienes ojos puedes ver;
   destapa tus ojos vendados".

   Fue mucha mi curiosidad,
   me metí dentro del relato,
   donde Jesús puso verdad
   para así poder enseñarnos.

   Agradecí al samaritano,
   conversé con el sembrador;
   y al gran banquete me invitaron,
   la cena del reino de Dios.

   Fui sirviente en la Última Cena,
   puse en la mesa el mejor vino,
   y escuché detrás de la puerta
   cuando el Maestro lo bendijo.

   A todos nos invita Cristo
   a compartir con él desde hoy,
   una copa del mejor vino,
   allí donde reina el Amor.

   Después de morir el Maestro,
   la Palabra, que estaba en Dios,
   sigue viva hasta el fin del tiempo;
   su aspecto exterior se ausentó.

   En aquel cerro, a media altura,
   en la bendita Galilea,
   Jesucristo se transfigura
   y se despide sin tristeza.