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JUAN EMAR
     Escritor chileno.
     Juan Emar nació en Santiago el 13 de noviembre de 1893. Su verdadero nombre es Álvaro Yáñez Bianchi. Estudió en el Instituto Nacional. Siendo hijo del diplomático Eliodoro Yáñez, vivió intermitentemente entre París y Santiago. A los 19 años tomó clases de pintura. En 1923 fundó el grupo Montparnasse junto a pintores e intelectuales chilenos residentes en París. De regreso a Chile, escribió en La Nación, diario creado por su padre, una sección titulada "Notas de arte", en la cual difundió la obra de muchos artistas que irrumpían en la escena con propuestas renovadas y rupturistas. Se desempeñó como secretario de la Legación Chilena en Francia, uno de los pocos trabajos formales que tuvo en su vida. A causa de la nula recepción que tuvieron sus libros, se retiró a las soledades de la hacienda de su hijo, cerca del volcán Llaima. Juan Emar murió en 1964, a la edad de 71 años.
     En sus escritos se mantuvo a distancia del realismo y del academicismo.
     Por su humor peculiar, por su extrañeza y por sus implicaciones metafísicas, la obra de Juan Emar ha empezado a tener vida.

Algunas de sus obras más importantes son :
“Umbral”, “Escritos de Arte”, “Miltín 1934”, “Un año”, “Ayer”, “Diez”.
 

TEXTO ESCOGIDO
de  "Diez"

”La lógica de mis reacciones debió haberme hecho no pensar en aquel momento en esa posibilidad de que algo sucediera ya que la claraboya estaba iluminada. Sin embargo, junto con ver su luz anaranjada entre cenizas, algo presentí y atravesé la calle pausadamente para dar tiempo a que mi mente precisara tal presentimiento. Atravesé. Al hallarme frente a su puerta pasó una mujer. Silueta fina de andar suelto, rostro oculto por el frío. Pasó rápida. La seguí.
     Se encaminaba hacia la rue Falguière. Cuando llegó a ésta, dobló a su izquierda. Me apresuré entonces para alcanzarla bajo un farol y verla. La vi. Sonrió. Era ella, ¡Chuchezuma!
     La tomé del brazo y empezamos a andar con lentitud. Después de algunas frases triviales la rogué por décima o vigésima vez. Y esta vez, con cierto estupor de mi parte, aceptó. Nuestro diálogo fue así:
     -¿Aceptas?
     -Si
     -¿Cuando?
     -Ahora mismo. Si no es ahora mismo, no será nunca.”