ARISTODEMO     Un lugar literario              El autor de la semana        
INICIO
CORNELL WOOLRICH
     Indiscutible maestro del suspenso.
     Cornell Woolrich nació en New York el 4 de Diciembre de 1903. Creció en Mexico, donde su padre trabajaba como ingeniero civil. A los doce años, cuando sus padres se divorciaron, Cornell se trasladó a New York con su madre, Clara, una persona muy dominante. Aunque tenían medios económicos, vivían en un sector pobre de Harlem, entre delincuentes y prostitutas. Durante una enfermedad, siendo niño, empezó a escribir narrativa de ficción. Estudió periodismo y se doctoró en la Universidad de Columbia.
     Se dice que Cornell fue social y sexualmente inadaptado. Se casó con Violet Blackton, hija de un productor. Vivieron en Hollywood. Se divorció al poco tiempo, y vovlvió a New York con su madre, a quén cuidó fielmente hasta que ella murió. Desde ese momento, Woolrich vivió una vida solitaria, marcada por el alcoholismo y la salud precaria. Murió en New York en 1968.
     Usó seudónimos William Irish y George Hopley. Muchas de sus obras fueron llevadas al cine, especialmente “La ventana indiscreta”, célebre película de Hitchcock.

Algunas de sus obras más importantes son :
“La ventana indiscreta”, “La mujer fantasma”, “A las tres”, “Cuento de sobremesa”, “La ventana”, “El hombre leopardo”, “Me casé con un muerto”, “Rendezvous en negro”. “No me volverás a ver”, “Si muero antes de despertar”, “El pendiente”, “La noche tiene mil ojos”, “No quisiera estar en sus zapatos”, “Pesadilla”, “El plazo expira al amanecer”, “La novia vestía de negro”, “El negro sendero del miedo”, “Lo que la noche revela”, “Fue anoche”, “Relato criminal”, “Coartada negra”, “Si los muertos hablaran”.
 

TEXTO ESCOGIDO
de  "La mujer fantasma"

     “Era la única mesa vacante que había a la vista. Estaba aislada, instalada en un hueco de la pared, de modo que sus ocupantes sólo podían ser vistos de frente, pues por tres costados estaban separados del resto de los comensales por un biombo.
     Cuando ella apareció sin sombrero en la entrada del comedor, él se sorprendió de lo mucho que aquel hacía en su favor. Su aspecto tenía ahora algo de insulso; la luz se apagaba; el impacto de su personalidad era débil. Se trataba de una mujer vestida de negro, de cabello castaño oscuro, nada más. Ni familiar, ni bonita, ni distinguida, ni zafia, nada de eso. Absolutamente lisa y descolorida, un verdadero común denominador de todas las figuras femeninas. Una cifra, un compuesto.
     Nadie que se volviera para mirarla permanecería haciéndolo un segundo más de lo necesario, ni se volvería nuevamente, ni recordaría después haberla visto.
     El camarero estaba ocupado momentáneamente en remover una ensalada y no podía atenderla. Henderson se puso en pie para que ella viera dónde estaba y advertirle que no cruzara por el centro del salón, sino por uno de los costados, menos obstruido. El camino era más largo, pero menos visible.”