ARISTODEMO                    Un lugar literario
"Naturaleza y humanidad"            del libro "Atisbando los misterios"         Gonzalo Rodas Sarmiento

   La Tierra siguió girando
   como libre Pachamama
   abrigada por el sol,
   entre auroras y ocasos,
   con lluvias trayendo savia,
   y el arco iris del color.

   Desde los nevados montes,
   la hoja verde y la flor bella
   y los árboles de vida,
   los animales que corren,
   los que nadan, los que vuelan,
   y también los que caminan.

   Bendita naturaleza
   de naranja, leche y miel,
   con su amable eterna vida,
   como un mito que se aprecia
   tiene forma de mujer
   y su nombre es Flor María.

         * * *

   Al nacer como Afrodita
   de las aguas de la flor
   al inicio de los tiempos,
   la humanidad pensativa
   un mandato recibió
   para siempre obedecerlo.


   Meditad y comprended
   la feliz naturaleza
   que te sostiene con vida;
   has de inventar para bien
   el modo de contenerla
   cuando venga desmedida.

   Esta humanidad brotó
   de bella naturaleza,
   de árbol sabio fascinante,
   y del árbol del amor;
   es mujer de igual manera,
   y su nombre es Ada Marte.

         * * *

   Hojas secas a nuestros pies
   viniendo para adornar,
   son entorno de belleza,
   como cada amanecer,
   los mares de inmensidad,
   y todas las primaveras.

   Preguntó una vez la niña-
   ¿De qué modo puedo verte?
   ¿Cómo tengo que mirarte?
   -Y escucha en susurro la hija-
   Viniste para entenderme
   y acaso para admirarme.
 


   -Madre, tú eres la más linda;
   yo disfruto tus bellezas
   tu retrato y tus paisajes.
   -Soy toda para ti, hija,
   pero deja que yo venga
   para rescatar mi cauce.

   -¿Por qué provocas desastres
   y tal grado de inclemencias?-
   Ada Marte no sabía.
   -Tengo fuerza en cantidades,
   para que un día la entiendas-
   dijo seria Flor María.

   -Por favor, no la remuevas
   de esa manera impetuosa-
   es el ruego de la niña.
   Y la madre le recuerda
   -Niña linda, a ti te toca
   aprender a recibirla.

         * * *

   Hay algo más, madre mía,
   estás ahí para enseñarme
   cosas que aprendo de ti.
   Soy un poco olvidadiza,
   no siempre voy a escucharte,
   no avanzo más que al jardín.
 


   Sólo quisiera, Ada Marte,
   que un día llegues a ser
   lo contrario de mi viento;
   dar un súbito realce
   en la luz de mis quinqués,
   y aquietar furiosos fuegos.

   Te regalo el sol y el agua,
   y cada amable animal,
   y el bendito árbol de vida.
   Tardará, si te propasas,
   la ocasión de recobrar
   tu alimento de alegría.

         * * *

   Porque ofendí a mi madre
   me llegó el remordimiento,
   ¿acaso yo la dañaba?
   Flor María es perdurable,
   siempre seguirá viviendo;
   talvez sea yo quien se apaga.

   La niña quedó pensando
   en su pelea interior,
   cada vez con ella misma;
   cómo alguna de sus manos
   hiere su propio sector
   y también es abatida.

   

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