ARISTODEMO                    Un lugar literario
La isla Tierra Tierra         Gonzalo Rodas Sarmiento

  Primera parte.- Las historias más antiguas

   En el principio

   Al principio estaba muy oscuro, pero yo no lo sabía. Ni sospechaba que pudiera existir algo distinto a la tiniebla. Sólo sabía que yo formaba parte del primer paisaje, tan árido, tan frío, que no podría ser atrayente para alguna otra piedra que llegara desde lugares remotos. Fue en ese tiempo que se empezó a formar mi carácter.
   Quise llorar, pero aún no habían sido creadas las lágrimas.
   La primera cosa interesante que sentí en mi vida fue un movimiento lejano, como de agua que iba y venía en un eterno juego, poniendo un poquito de alegría en este ambiente inhóspito. Lo encontré tan maravilloso, que empecé a imaginar esa agua llegando hasta mí, y entonces ya podría llorar.
   El sol apareció por primera vez, con timidez, y avanzó lento un gran trecho hasta irse en tonos rojos. Felizmente volvió a iluminar después de una fría oscuridad en que lo añoré como lo más preciado.
   Desde entonces, el sol va y vuelve, igual que el agua que me acaricia y se retira, una y otra vez. En igual forma, empezó a venir la lluvia, como un llanto que no proviene de mí, sino de afuera, para después poner cada vez más azul el cielo. Cuando la lluvia me moja, yo también adquiero mi verdadero color.
   En esta forma tranquila transcurrió mi vida durante los primeros millones de años. Un buen día vi aparecer pequeñas plantas y después, grandes árboles. Y también unos seres extraños que parecían mamarrachos cada vez más monstruosos hasta que se convirtieron en dinosaurios. Eso fue hace muy poco tiempo. Ahora, los cambios son vertiginosos. Ha surgido toda clase de animales, que se pasean por encima mío. Incluso, esos que andan en dos patas, y que no tienen plumas, y se ríen. Sí, ríen mucho. Es su principal característica. Confieso que hasta me contagian, y le dan un sentido a mi vida.

   

   Resplandor del amanecer

   Era el más precioso arroyo del planeta. No sólo por el agua cristalina que fluía cantando alabanzas, sino también por la tierna manera de lavar las piedras de su lecho.
   Aún recuerdo ese tiempo remoto en que una hermosa joven acostumbraba a bañarse desnuda en el arroyo. Era la hija del jefe de la tribu, y tenía por nombre Resplandor del Amanecer.
   Resplandor, como le decían, disfrutó esa agua por muchos años, hasta su vejez. Y después de ella, varias generaciones también la disfrutaron. Más tarde, cuando vino el progreso material, aunque el arroyo siguió estando ahí mismo, ninguna muchacha ni vestida ni desnuda osaba introducirse en su helada agua.
   Hubo guerras, sismos y desbordes que intentaban infructuosamente cambiar el curso de este verdadero río que llegó a ser. Al final, una bomba nuclear lo logró en pocos segundos. No supe para dónde se fue el agua, así, tan de repente. Tampoco quedó ninguna de las piedras amigas que yo apreciaba.
   Durante miles de años no creció ni siquiera una brizna de pasto, ni nada parecido. El planeta continuaba girando sobre sí mismo, y el sol siguió saliendo todos los días. Creo que las estaciones del año nunca dejaron de alternarse como siempre, aunque yo no tenía cómo comprobarlo.
   Dormí algunos millones de años, y al despertar observé maravillado unos arbustos y unos frondosos árboles. La vida había vuelto. Torrentes de agua que pasaban eran bebidos por los dinosaurios. Lentamente fue cambiando todo. También desaparecieron los dinosaurios, siendo reemplazados sucesivamente por otros animales hasta llegar a los búfalos. Y lo más notable, ayer empecé a ver seres humanos por aquí y por allá.
   El arroyo está precioso con su agua cristalina que canta alabanzas y tiernamente lava las piedras de su lecho. Hoy ha venido a bañarse desnuda la hija del jefe de la tribu. Se llama Resplandor del Amanecer.

   

   El despertar

   El primero en despertar fue el gato, mientras todos los demás siguieron durmiendo, a pesar de la bulla estrepitosa. No se supo si el felino soñó algo durante su larga noche, ni si estaba en condiciones de recordar sus eventuales experiencias oníricas. Ajeno a todo eso, el gato fue a despertar al perro, pues lo iba a necesitar al salir, para tener de quien burlarse desde las copas de los árboles. Al can no le había llegado su momento y continuó su sueño, ahí entre la jirafa y el picaflor. El escurridizo minino echó a andar con sigilo hacia el patriarca, quien también estaba dormido, junto a su pequeña familia. Todos dormitaban en el arca, mientras afuera llovía torrencialmente.

   

   Narraciones del anciano Eustaquio

   Esta isla se llama Tierra Tierra. Así la bautizó el vigía de los descubridores cuando la vio por primera vez desde lo alto del mástil de la nave.
   Más que una isla, es un símbolo de un mundo entero en miniatura. Con excepción de las fronteras. Esas líneas imaginarias que dividen lo indivisible, no están reflejadas en este pequeño universo.
   La naturaleza es lo más bello que tenemos. Cuando bebo el anaranjado néctar de la flor desnuda, ésta me abraza sonriente. Entonces, empieza la primavera. En los jardines hay pensamientos, cardenales, y nomeolvides. Cierta vez, un pensamiento cruzó los aires y desbordó el caudal que baja de la montaña. Las aguas claras se dispusieron a mojar el océano.
   El mundo exterior tiene presencia en Tierra Tierra, aunque sólo sea en los mapas. Siempre se producen discusiones en torno a las supuestas cualidades del continente. En ciertas oportunidades se ven pasar algunos aviones que nadie sabe qué significado pueden tener, además de alimentar la esperanza.
   Cuando alguna isla del archipiélago se hunde de puro vieja, un transatlántico se lleva a casi todos sus habitantes al continente. Los gigantes se tienen que quedar, y hundirse con su pequeño terruño naufragado.
   De repente aparecen tierras nuevas venidas de no sé dónde, y son conquistadas por los guerreros de islas grandes vecinas. Hasta que, en algún momento, se independizan. Desde ese momento es rarísimo tener visitantes.
   Muchas veces nuestros antepasados intentaron construir puentes hacia las islas próximas, pero jamás pudieron terminarlos. Siempre se derrumbaron estrepitosamente. También desde esos otros lugares la gente intentaba fundar pasarelas hacia acá, pero aún no ha habido forma de juntarse al medio. Todo destino se toma su tiempo, como una paloma mensajera, inocente, buscando el futuro. Es necesario entender que un mensaje amargo también es portador de sabiduría.
   En cuanto a lo espiritual, sabemos que existe la luz porque también hay horas oscuras. No se trata de una competencia, pues tenemos por cierto que no existe algún astro negro que irradie oscuridad. Cuando hay suficiente luz, las sombras se ven nítidas. En cambio, en la noche las sombras y las siluetas se confunden. Al iluminarlas, las sombras se desvanecen, y las siluetas adquieren su dimensión y colorido.
   También interesa la política. La isla tiene un gobierno, o quizás habría que decir una especie de consejo gobernante que trata de interpretar a la nación en todas sus decisiones. No le es fácil porque el tirano que antiguamente gobernó por muchos años, aún no se ha ido, y sigue manipulando desde las sombras.
   La isla Tierra Tierra fue colonizada por tres pueblos que llegaron en distinto tiempo, provenientes de diversas latitudes. Los que llegaron primero se establecieron formando una cultura más bien primitiva, pero llena de valores espirituales. Tenían un lema “Viva la vida”. Y así es como vivían, de acuerdo a eso. En cambio, los conquistadores que llegaron desde el mar tenían su propia consigna “Creo en la verdad”. Y lo pusieron en el escudo, signo representativo de la nación. Tuvieron la deferencia de incluir también el lema de indios. Así, la divisa era doble, y ninguna de sus partes le hacía sombra a la otra.
   Un pequeño sector de la isla estuvo habitado por otro pueblo primitivo, el cual fue aplastado por completo. Su lema no estaba escrito en ninguna parte, pero todos lo sabían. Cada cual lo decía con sus propias palabras. Era un verdadero canto de amor, que nunca fue a ponerse en los emblemas físicos.
   Más tarde la frase del escudo evolucionó a “Verdad y Vida”, que es mucho más práctico, sobrio y explícito. Tan poco comprometido, que a las pocas décadas volvió a cambiarse. El escudo pasó a decir “Verdad y Valentía”. El cambio no cumplió su objetivo, porque se mantuvo la falta de compromiso.
   Cambiaron el lema muchas veces, porque los nuevos gobernantes no quedaban conformes con él, pero no se daban cuenta de que nunca le habían devuelto el compromiso original.
   Cuando miré el escudo, muchos años después, tuve que ponerme a pensar en algún significado. Colores, animales, logotipos. Y una frase en bronce: “Con hielo o con hierro”. Era una de esas frases que, de tanto repetirlas, su significado se diluye y se esfuma. Como el hielo que se transforma en agua, y, el hierro que se oxida.
   En una época oscura de nuestra historia le pusieron “Frialdad y Valentía”. Pero, después recapacitaron y lo cambiaron por “Razonable o Valiente”. Prefirieron la "o" en vez de la "y", pues creyeron que no se puede ser las dos cosas al mismo tiempo.
   No sé cómo irá a seguir variando esta verdadera declaración de principios que cuelga del emblema, tal como antes los letreros colgaban del cuello de las personas.
   Había que ponerse un cartoncito con una frase alusiva, como si fuera ropa. Por obligación.
   Yo alcancé a usar letrero, y trataba de que nadie me lo viera, pues era ignominioso. Una vez vi a un hombre achacoso con un cartel que decía “Destacado”. Hasta podría haber sido yo, en años juveniles. También estaba el anciano con cartel de “Ilustre”, pero no tenía qué comer. Por fin suprimieron los letreros. Ahora se llevan las mismas leyendas en tarjetitas en el bolsillo.
   Me da risa... ¿Ilustre... ? Sólo mis zapatos son ilustres. ¿Destacado...? También, pero el del pie derecho, no más.

   

   El bazar de los sueños locos

   Hace muchos años, cuando yo era joven, tuve un trabajo muy especial. Me costó un tiempo adquirirlo. Recuerdo que, después de mucho buscar, encontré un aviso que decía "Se necesita una persona optimista...".
   Casi no seguí leyendo, porque mi ánimo estaba más bien pesimista. Sin embargo, me revestí de toda la buena actitud que pude, y acudí a la dirección que salía en el aviso. Al llegar, creí que me había equivocado, porque sobre la puerta había un gran letrero que decía "Bazar de los sueños locos".
   Ya que estaba ahí, entré, y dije a la niña que me recibió:
   -Me llamo Eustaquio, y vengo por el aviso.
   -¿Cumple con los requisitos? -me preguntó con una sonrisa hermosa, ante la cual me llené de un optimismo desconocido.
   -Sí, señorita.
   La niña me llevó a una entrevista con el jefe. Una entrevista muy corta. Quedé aceptado y empecé a trabajar en ese mismo momento.
   Mi trabajo consistía en organizar el archivo, clasificando las distintas solicitudes que llegaban. Miraba de repente alguna, cuando había terminado el trabajo del día si aún era temprano. Leí las cosas más locas, al principio me reía, después empecé a mirar las hojas con más seriedad. Algunas de éstas decían cosas así: "Haré un colegio gratuito para que todos los niños puedan estudiar"; "Haré un colegio que desarrolle las artes y la creatividad de los niños"; "Crearé un laboratorio en que se produzca un fármaco para la amistad"; "Fomentaré el desarrollo de la persona".
   Hasta me puse a escuchar un día la conversación entre un cliente y la persona que atendía. Ella se llama Eunice, y es la misma que me acogió al llegar. Descubrí que me alegraba escucharlos, aunque no tuvieran los pies en la tierra. También conversé con esa niña después, acerca de lo mismo. Así, supe que esta oficina ayuda a conseguir financiamiento y orienta cómo comenzar, qué primeros pasos dar, etc.
   Y también ayudan a caminar, fijándose en las luces que vienen desde el final del camino.
   El resultado de todo esto es que me enamoré de Eunice. Y ella de mí. Entonces, tomé una serie de decisiones fundamentales. Ingresé mi propio sueño loco en los registros: "Descubriré el néctar de la visión, para desarrollar la vista trascendente". Eunice me miraba con amor. Al día siguiente dejé mi trabajo del Bazar. Ya era hora de que lo tomara otra persona que lo necesitase más que yo. Me puse a caminar siguiendo la luz. Y me casé con Eunice.
   Después de los años, mi sueño loco sigue siendo un sueño, y continúa estando ahí la luz hacia la cual voy. He tenido una vida maravillosa. Al hijo que tuvimos le pusimos por nombre Eulogio, para que llegue a ser elocuente.

   

   Reminiscencia

   Me llamo Eulogio y tengo algo que hoy quisiera contar. Durante muchos años he tenido esto guardado sin decírselo a nadie, pero ya me está quemando y tengo que dejarlo salir.
   Yo tenía siete años. Mientras jugaba con otros niños, corríamos de allá para acá y se levantaba la tierra suelta, lo cual no gustaba mucho a los adultos cercanos.
   Lo notable ocurrió cuando me fijé en un Maestro que estaba enseñando. A pesar de la distancia que nos separaba, me pareció escuchar sus palabras. Fue como si yo las hubiera sabido desde siempre. Me interesé vivamente por ir hacia él. Ya a mi edad, supe que había cosas importantes que aprender de aquel hombre, distinto a todos los demás. Incluso, distinto a esos que me atajaron, y amablemente me invitaron a retirarme. No les quise hacer caso, y seguí intentando zafarme de ellos.
   -Dejad que el niño venga a mí -exclamó el Maestro.
   Me dejaron pasar, y llegué a ponerme muy cerca de él. Sentí un destello interior que me iluminó todo por dentro como un relámpago. Eso duró sólo una fracción de segundo y me quedó grabado hasta el día de hoy.
   Algo maravilloso se me despertó. Como un conocimiento que hubiera estado durmiendo dentro de mí. Mientras el Maestro acogedor me hablaba con ternura, me llené de alegría. Al rato, me dijo que ya podía volver con los otros niños.
   Seguí pensando en eso durante los días que siguieron, y semanas, meses..., y años, hasta bien entrado en la adolescencia. Cierto día, desperté sobresaltado recordando cuando había vivido yo una escena similar a esa que tanto me movía. Pero en aquella otra que se me estaba revelando yo no era un niño, sino un adulto. Era otro el niño que estaba siendo recibido por otro Maestro. Sí..., podía recordarlo perfectamente. Supuse que eso tendría que haber ocurrido en alguna vida anterior, o algo parecido..., probablemente en otro planeta.
   En pocos minutos de mi estado de somnolencia lúcida, antes de saltar de la cama, recordé mucho más de aquella vivencia remota. Aquel hombre era grandioso, así como el de nuestro tiempo. Y a aquel lo asesinaron las autoridades religiosas. Sí, ya lo recuerdo... Es que me impactó.
   Me levanté esa mañana, dándole vueltas a todo el asunto, y pensando que, afortunadamente, acá la gente no es tan mala. También añoré el jugar con esos nietos remotos que dejé en la vida anterior.
   De todos modos, me preocupaba el destino que hubiese tenido el Maestro de nuestro tiempo. Así que me dediqué a investigar. Muy pronto averigüé que el Maestro de nuestro tiempo también fue asesinado por las autoridades religiosas.
   Y yo que creí que esas cosas acá no pasaban.

   

   Soledad de un árbol

   Me pregunto cómo llegué hasta acá. Alguien me ha traído, y no sé por qué se le ocurrió hacerlo. Me imagino que ha de ser para algo grandioso que aún no he sido capaz de descubrir.
   Eso es lo que quiero creer, a pesar de lo que me tocó vivir hace algún tiempo, cuando aún no cumplía mi primer siglo. En un aciago atardecer que no he podido olvidar, un hombre venía hacia acá, y desde lejos se notaba malhumorado. Su caminar urgido y errático no presagiaba nada bueno. Cuando estuvo cerca, el tipo no pudo ocultar que estaba destruido por dentro. Así estaba terminando ese mal día, que hasta hoy me hace doler.
   Prefiero mil veces mi soledad actual, aunque yo esté fuera de lugar, y sin poder tocar a nadie con mis ramas extendidas, que se agitan a causa de la suave brisa.
   Desde aquí se domina un panorama bellísimo y distante, una inmensidad gigantesca. En la lejanía alcanzo a divisar un atrayente árbol femenino. Me he llegado a enamorar de ella, de su presumida estampa, de su ritmo provocador. Le envío misivas con el viento, pero jamás obtengo respuesta.
   Me sigue persiguiendo la imagen del hombre aquel que vino a importunarme hace ya muchos siglos. Como un enajenado sacó una cuerda que traía escondida en su túnica y se dispuso a anudarla a una de mis ramas. Eligió la más robusta. En ese momento quise romperla. Si era mía, tenía que obedecer mi orden. Sin embargo, no tuve fuerza suficiente para quebrarme. No me explico cómo he sobrevivido después de ese desgraciado acontecimiento, y en clima tan adverso, sin más agua que la niebla nocturna.
   Miro hacia abajo y me parece estar a punto de caerme al vacío, pero eso no puede ocurrir. Hay raíces que me sustentan y se agarran como pueden del abrupto suelo estéril. En cambio, otras raíces destartaladas quieren arrancarse y no lo logran.
   Quisiera olvidar esa antigua noche de luna que no terminaba nunca, y yo estaba aterrado, mirando la silueta tétrica que bailaba colgando de mí. Es lo más feroz que me ha tocado vivir.
   Al día siguiente vinieron a sacarlo.
   -Es Judas, el traidor -exclamó alguien.
   Por fin pude quebrarme. Y fue peor, porque el cuerpo del desdichado rodó quebrada abajo hasta reventarse contra el último peñasco. Fue horrible.
   Desde entonces quedé marcado por la ignominia, hasta el día de hoy. No tengo amistades, y eso es triste. La sombra que doy no la aprovecha nadie. Quisiera saber para dónde se han ido todos.
   Trato de tirar semillas a mi alrededor, y cada día al despertar miro con la esperanza de ver si acaso ha brotado algo.
   "Es Judas, el traidor", aún retumba esa frase en mis oídos.
   A esa rama asesina que ya no tengo, intenté llamarla "justiciera", pero no me lo creí en ningún instante. Ahora me creció ahí mismo un vástago nuevo, frágil al comienzo, después se fue afirmando. Hoy, en un nuevo atardecer, ha venido un halcón a posarse sobre mi inocente brote. Me dio alegría, porque llegó trayendo un mensaje de mi amada.

   

   La biblioteca

   La biblioteca es un microbus que recorre la isla. Al comienzo, es una aventura, con una limitada posibilidad de leer, pero es una gran gracia. Al terminar la lectura, uno se baja. Para no tener que volver a pie, lo que antes hacía yo era terminar el libro justo al ir pasando por donde quería bajarme.
   Cierta vez no pude hacerlo así, pues en una esquina creí que íbamos a doblar, pero el microbus siguió derecho. Pensé que quizás doblaría en la próxima. Tampoco dobló en la próxima, ni en la que sigue, ni en ninguna. Yo sabía que el conductor quería doblar. Su recorrido se lo indicaba. Algo trababa las ruedas o el volante. Estábamos haciendo un camino demasiado largo, y ningún tesoro nos esperaba al final. Decidí bajarme, aunque estuviera lejos. Tuve que caminar.
   En cambio, hoy llegué hasta el final del recorrido, donde nunca había estado antes. Ahí hay un gran edificio, llamado Biblioteca de la Sabiduría Universal. Los encargados sacaron del microbus los libros que estaban llegando, para guardarlos, y pusieron otros nuevos para el próximo viaje.
   Entré a la BSU, con gran entusiasmo. La estaba conociendo por primera vez. Me gustó estar ahí.
   - Mi nombre es Eulogio -dije, para presentarme.
   Conversé con la persona que atiende, y supe que en este edificio está todo el conocimiento, todo lo que ha pasado, ¡todo!
   -¿Y mi vida? -pregunté.
   -También.
   -¿Y lo que ni yo mismo recuerdo?
   -También.
   -¡Ah! -eso me interesó, para buscar todo lo que tenga bloqueado.
   Pedí el libro correspondiente, lo buscaron y aquí lo tengo. Tiene sus páginas en blanco. Miro una de ellas, fijamente, y extraigo de allí imágenes que me dicen algo. Es fabuloso.
   Hay más que eso en la biblioteca fija, la BSU. Es aquí donde está el libro grande dejado por los conquistadores. Un libro famoso y muy respetado. Es un verdadero guión de lo que se debe hacer. Además, en él se ha seguido escribiendo la historia de la isla. A pesar de los cuidados, al libro se le han roto páginas, están algunas humedecidas; y otras, quemadas por el tiempo. Hay muchas páginas perdidas.
   Dicho libro está para consulta solamente, y no se puede sacar de ahí. Todos tenemos que conocerlo y seguirlo. Aunque sean simples historias de conquistadores, jamás confirmadas. Importante es no repetir los mismos percances.
   Leyendas antiguas y nuevas pueden leerse en esta biblioteca.