ARISTODEMO                    Un rincón literario
Relación Escritor - Lectores
INICIO CUENTO BREVE NARRACIÓN COMPUESTA POESÍA NARRATIVA TEMAS TIPOS DE RELATOS

         RELACIÓN ENTRE EL ESCRITOR Y LOS LECTORES

         La obra literaria sólo tiene sentido si alguien la lee. El lector es, entonces, una pieza fundamental de la obra literaria. No se puede escribir para Nadie. Se escribe para Alguien.
         Un escrito narrativo ha de servir para algo más que entretener. Y también para algo más que disfrutar la belleza expresiva. Todo eso es importante, por cierto, pero un buen relato ha de tener cierta profundidad. Mostrar situaciones, personajes y ambientes que inviten a la reflexión sobre la vida y sobre el ser humano.
         Todo escritor inicia su carrera siendo lector. Al principio, talvez escriba algo similar a las cosas que ha leído. Después, se manifestarán sus muchas motivaciones para escribir. En particular, la más profunda, que es comunicar algo a los lectores. No cualquier cosa. Querrá escribir aquello que jamás ha logrado encontrar en sus lecturas, y que le habría gustado leer en algún libro alguna vez.
         Uno debe preguntarse qué es lo que desea expresar, hacia dónde desea llegar, qué es lo que aportará a quién lo lea.
         El autor que quiere ser leído no emplea fórmulas expresivas tan intrincadas que otro no pueda entender. Es necesario tener en cuenta que los lectores no tienen una paciencia inagotable.
         El buen lector no se limita a observar pasivamente lo que lee, sino que es un nuevo creador de la obra. Se busca en esa foto que es el libro, y recrea la obra literaria, casi como si fuera un autor. Los acontecimientos resuenan de distintas formas en el lector, algunos porque los ha tenido, y otros por lo contrario. Es así, como la obra literaria puede tener un significado diferente para cada lector, atendiendo a sus circunstancias.
         Es bueno escribir pensando en lectores que no sean superficiales sino de cierta profundidad. Que se identifiquen con lo que leen y lo cuestionen. No sólo lo leído sino también se pregunten cómo eso vive en ellos. Que descubran aspectos propios.
         Además del relato externo dado por las situaciones que se presentan, siempre hay algo más, un contenido interno. Algo profundo, inherente al relato, y que lo sobrepasa. Los cuentos que uno no olvida son los que abordan una realidad mucho más vasta que la de su mera anécdota.
         El uso de figuras literarias, no sólo embellece sino que apunta a un contenido interno.
         Un buen libro ha de ser un espejo, que despierte en el lector algo que ya existía en él. Tal palabra o planteo ilumina al lector para descubrir sus propios personajes interiores. Así, puede conocerse mejor, y desarrollar alguna de sus facultades que estaban postergadas.
         Un texto bien logrado se complementa con un lector cómplice, como lo llama Cortázar, que resista a la pasividad de la lectura tradicional.