ARISTODEMO                    Un lugar literario
Microcuentos - Categoría: INMENSIDAD           Gonzalo Rodas Sarmiento
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Del libro "El expreso de las 10:20"
MUNDOS DIMINUTOS

       Quise asomarme a los mundos diminutos que existen por millones en cada pequeño trozo de la roca sobre la cual estoy parado. No me fue posible conocer esas galaxias, pues soy demasiado grande para viajar tan cerca.
 

Del libro "La isla Tierra Tierra"
EL DESPERTAR

       El primero en despertar fue el gato, mientras todos los demás siguieron durmiendo, a pesar de la bulla estrepitosa. No se supo si el felino soñó algo durante su larga noche, ni si estaba en condiciones de recordar sus eventuales experiencias oníricas. Ajeno a todo eso, el gato fue a despertar al perro, pues lo iba a necesitar al salir, para tener de quien burlarse desde las copas de los árboles. Al can no le había llegado su momento y continuó su sueño, ahí entre la jirafa y el picaflor. El escurridizo minino echó a andar con sigilo hacia el patriarca, quien también estaba dormido, junto a su pequeña familia. Todos dormitaban en el arca, mientras afuera llovía torrencialmente.
 

DENTRO DE UN GRAN RELATO

       Soy un personaje de uno de los siete mil relatos que Dios está escribiendo. Él descubre, día a día, cómo vivo en su mente. De cualquier manera, hay rasgos divinos encerrados dentro de mí.
 

AGUA BENDITA

       -Padre, padre, necesitan urgente agua bendita en casa de don Juvenal.
       -¿Por qué tan urgente? -preguntó el sacerdote.
       -No sé, pero debe ser un caso de vida o muerte.
       -Bueno, llévale un poco en un frasco, pero que esté bien limpio.
       El sacristán llegó apurado a casa de don Juvenal, golpeó el pesado portón, y cuando le abrieron, subió corriendo, llevando el frasco hasta el taller.
       -Estoy pintando en acuarela una estampa litúrgica -dijo con tranquilidad don Juvenal, y tomando el pincel lo sumergió suavemente en el frasco de agua bendita.
 

LA PIPA GIGANTE

       El hombre era tan gigantesco que, dentro de su pipa gigantesca, las partículas de tabaco contenían todas las galaxias de nuestro pequeño universo.
       El hombre miró su reloj y vio que aún disponía de algunos millones de años para un breve descanso. Entonces, se llevó la pipa a la boca, encendió un fósforo y se preparó para fumar.
 

CEMENTERIO

       Yo siempre andaba viendo resplandores en torno a las personas. Como si fueran unas sombras luminosas. Grandes o pequeñas. Intensas o no tanto. Eso sí, solamente a los vivos, pero jamás a los muertos. Por eso, casi me dio un infarto esa vez que vi una luz tenue en el borde del ataúd, justo cuando lo estaban bajando a la fosa.
       -¡Ábranlo! -grité. Y me creyeron loco.
 

UN ASTRONAUTA

       Fue triste salir de Marte, rechazado y humillado porque nadie se fijó en mis tonos rojizos y naranjas. Que me vieran en blanco y negro no fue nada de grato. De cualquier forma, necesitaba venirme porque ya extrañaba mucho el arco iris.
       No sé si algún día volveré a Marte, llevándoles el azul, o incluso hasta el verde, que se mantiene mejor en la naturaleza. Cada vez que pienso cómo transportarlo llego a un callejón sin salida. Ni escondido en un bolsillo, ni tampoco entre las páginas de un libro. Sé que no resultaría. Creo que la única manera viable será ir a buscar un habitante de ese gris planeta, y mostrarle mi mundo. Sólo en una retina marciana podrán llegar los colores a Marte.
 

Del libro "Encuentros misteriosos"
EL SILENCIO

       Presido una reunión bien especial, aunque nadie repara en mi presencia. Es la monja la que toma la iniciativa y dice a las niñas :
       -Tenéis que hacer silencio para que podáis escuchar a Dios.
       Se los repite con tanta insistencia que las alumnas, poco a poco, dejan de oírla.
       Disfruto al ver a estas adorables creaturas tratando de apagar el ruido interno. Especialmente, la traviesa y bulliciosa del curso. Parece estar en éxtasis, casi hasta darse cuenta que ando rondando cerca suyo. Decido hablarle, ya que es la única que está cumpliendo con lo encomendado. Entonces, suavemente la invito a una gran tarea, mucho mayor que la de hoy. Un verdadero sueño loco, de esos grandiosos.
       -Cállate -me dice-, estamos en silencio.
 

LOS RESTOS

       Estamos ya en el año 2073.
       Afirmándome en mi bastón, tuve que venir a recibir lo que quedó de su cadáver. Me refiero a don Benigno. Era un antiguo desaparecido, tío de mi padre, y ya no le quedan familiares más directos que yo. Un largo tiempo hubo de transcurrir antes de que se aclarara una situación tan desgraciada.
       No sé muy bien quién era este personaje, ni cómo se metió en líos, ni qué pensaba, ni por qué sus ideas molestaron tanto a los fusiles.
       Presenté mi identificación, al llegar a la ventanilla, y al poco rato me entregaron una cajita con una etiqueta y un número. Recién entonces, empecé a comprender muchas cosas.
       Vislumbré el sentido de la vida, y el sentido de la muerte.