ARISTODEMO                    Un rincón literario
Microcuentos           Gonzalo Rodas Sarmiento
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Microcuentos de Gonzalo Rodas Sarmiento, en el tema:   INMENSIDAD

  

  

   MUNDOS DIMINUTOS

       Quise asomarme a los mundos diminutos que existen por millones en cada pequeño trozo de la roca sobre la cual estoy parado. No me fue posible conocer esas galaxias, pues soy demasiado grande para viajar tan cerca.

  

  

   UN ASTRONAUTA

       Fue triste salir de Marte, rechazado y humillado porque nadie se fijó en mis tonos rojizos y naranjas. Que me vieran en blanco y negro no fue nada de grato. De cualquier forma, necesitaba venirme porque ya extrañaba mucho el arco iris.
       No sé si algún día volveré a Marte, llevándoles el azul, o incluso hasta el verde, que se mantiene mejor en la naturaleza. Cada vez que pienso cómo transportarlo llego a un callejón sin salida. Ni escondido en un bolsillo, ni tampoco entre las páginas de un libro. Sé que no resultaría. Creo que la única manera viable será ir a buscar un habitante de ese gris planeta, y mostrarle mi mundo. Sólo en una retina marciana podrán llegar los colores a Marte.

  

  

   CEMENTERIO

       Yo siempre andaba viendo resplandores en torno a las personas. Como si fueran unas sombras luminosas. Grandes o pequeñas. Intensas o no tanto. Eso sí, solamente a los vivos, pero jamás a los muertos. Por eso, casi me dio un infarto esa vez que vi una luz tenue en el borde del ataúd, justo cuando lo estaban bajando a la fosa.
       -¡Ábranlo! -grité. Y me creyeron loco.

  

  

   LOS RESTOS

       Estamos ya en el año 2073.
       Afirmándome en mi bastón, tuve que venir a recibir lo que quedó de su cadáver. Me refiero a don Benigno. Era un antiguo desaparecido, tío de mi padre, y ya no le quedan familiares más directos que yo. Un largo tiempo hubo de transcurrir antes de que se aclarara una situación tan desgraciada.
       No sé muy bien quién era este personaje, ni cómo se metió en líos, ni qué pensaba, ni por qué sus ideas molestaron tanto a los fusiles.
       Presenté mi identificación, al llegar a la ventanilla, y al poco rato me entregaron una cajita con una etiqueta y un número. Recién entonces, empecé a comprender muchas cosas.
       Vislumbré el sentido de la vida, y el sentido de la muerte.

  

  

   LA PIPA GIGANTE

       El hombre era tan gigantesco que, dentro de su pipa gigantesca, las partículas de tabaco contenían todas las galaxias de nuestro pequeño universo.
       El hombre miró su reloj y vio que aún disponía de algunos millones de años para un breve descanso. Entonces, se llevó la pipa a la boca, encendió un fósforo y se preparó para fumar.