ARISTODEMO                    Un rincón literario
Microcuentos           Gonzalo Rodas Sarmiento
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Microcuentos de Gonzalo Rodas Sarmiento, en el tema:   PSICOLOGÍA

  

  

   POKER

       Con las cartas que me salieron no logro juntar nada. Trato de barajar un rey de Miedo, con un siete de Tristeza, un cinco de Rabia, una dama de Pudor y un nueve de Responsabilidad. Antes, cuando los naipes tenían sólo cuatro pintas, era más fácil llegar a algo. Hasta se podía aspirar a una escala real. Ahora, no tengo ni siquiera un par.
       De todas formas, manejaré la expresión de mi rostro para aparentar que mis cartas son muy buenas. Subiré mi apuesta, esperando que todos se vayan al plato.
       En la manga tengo guardado un as de Creatividad. No sé si lo usaré, pues no soy muy hábil para hacer trampas.

  

  

   EL ESCONDITE

       Casi olvido que estamos jugando al escondite, con mi padre.
       Las primeras veces que me escondí, tenía mucho miedo a que no me buscaran. En cambio, si a mí me tocaba salir, tenía miedo que mi padre se fuera a esconder a su trabajo, allí donde yo no podría buscarlo.
       Después del tiempo transcurrido, ahora ya no recuerdo si me toca esconderme o salir a buscar.

  

  

   EL NEGRO

       Los amigos del colegio le decían “Negro”.
       El niño siempre se imaginó que algún día se iba a convertir en alguien brillante y muy apreciado. Ese era el sueño loco que lo impulsaba a vivir. Nunca supo de dónde le venía esta idea, ni en qué forma estaba inscrita en él. Simplemente trataba de descubrir qué tendría que hacer para lograrlo.
       -No toques nada porque lo dejas todo sucio -le decía la madre, interrumpiendo por un instante sus pensamientos.
       Y cuando llegaban visitas, ella le advertía a su hijo:
       -No beses a la gente..., que vas a dejar a todos tiznados.
       Así transcurrieron los años para este niño de ojos vivaces y luminosos. Después de un tiempo, ya no lo vi más. Ahora, cada vez que paso cerca de un montón de cenizas me acuerdo de ese niño de carbón.

  

  

   DESCONFIANZA

       -Yo soy nítido y tú eres difusa -le dije.
       -Estás equivocado -me respondió ella, a través de la niebla-. Yo soy nítida. Eres tú el difuso.

  

  

   LA VENTANA

       En la noche me transformo en espejo.
       Hay un tiempo de mirar para afuera y un tiempo de mirar para adentro.

  

  

   EL BUS

       Ahí estaba el bus, un poco destartalado. Venancio no quería subir aún, pues no tenía ninguna seguridad de que ese vehículo iba a partir. ¿Y si después venía otro, probablemente en mejor estado? No se arriesgaba a perderlo.
       Durante muchas horas el bus fue adquiriendo pasajeros pero seguía teniendo un aspecto estacionario. Cuando el vehículo empezó a andar, pilló tan de sorpresa a Venancio, que no se alcanzó a subir. Corrió detrás de él para alcanzarlo, hasta que el bus se perdió en la lejanía.