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Ranking de microcuentos
INICIO NARRACIÓN COMPUESTA MAESTROS DEL CUENTO BREVE
Los 53 mejores Microcuentos de otros autores.-                 Clasificados por categorías.
      

A.- Categoría:  MUNDO INTERIOR

       Primer lugar:
       "69", del libro "La sueñera",
Ana María Shua

       Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.

       Segundo lugar:
       "El dinosaurio",
Augusto Monterroso

       Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

       3)
       "81", del libro "La sueñera",
Ana María Shua

       Sé que estoy haciendo algo que me gusta, aunque desde aquí no puedo distinguir de qué se trata. Date vuelta, me digo, para verme la cara. Pero no me obedezco. Ante semejante rebeldía debería imponerme un ejemplar castigo. Si no logro obediencia de mí misma, ¿qué puedo esperar del resto de mi tripulación interna?

       4)
       "Extravío",
Alejandro Jodorowsky

       Un ciego, con su bastón blanco, en medio del desierto llora sin poder encontrar su camino porque no hay obstáculos.

       5)
       "111", del libro "La sueñera",
Ana María Shua

       Me adelanto a una velocidad fulgurante, ya estoy en el área penal, desbordo a los defensores, el arquero sale a detenerme, me escapo por el costado, cruzo la línea de gol, me voy contra la red. El público grita enloquecido. Flor de golazo, comentan los aficionados. Flor de patada, pienso yo, dolorida, mientras me alzan para llevarme otra vez a la mitad del campo.

       6)
       "Los sueños de Helena",
Eduardo Galeano

       Aquella noche hacían cola los sueños, queriendo ser soñados, pero Helena no podía soñarlos a todos, no había manera. Uno de los sueños, desconocido, se recomendaba:
       -Suéñeme, que le conviene. Suéñeme, que le va a gustar.
       Hacían la cola unos cuantos sueños nuevos, jamás soñados, pero Helena reconocía al sueño bobo, que siempre volvía, ese pesado, y a otros sueños cómicos o sombríos que eran viejos conocidos de sus noches de mucho volar.

       7)
       "Lector de sí mismo",
Nelson Gómez León

       Cada noche sacudía su libro de cabecera dejando apiladas las letras sobre el escritorio; a la mañana siguiente, una por una las iba acomodando nuevamente en cada hoja y por las tardes, se solazaba leyendo una nueva novela.

       8)
       "Hallazgo",
José Manuel Guntín

       Iba yo por un sueño que no era un sueño sino un camino, y en ese camino me topé con una mujer que no era una mujer sino un sueño.

       9)
       "Final infeliz",
Manuel Chapuseaux

       Si su Graciosa Majestad hubiera imaginado lo empalagosa y aburrida que iba a ser su vida en Palacio, habría preferido mil veces seguir siendo la despreciada sirvienta que fue en su ya lejana juventud, cuando todo el mundo la llamaba Cenicienta.

       10)
       "La punta de la madeja",
Gustavo Masso

       Cuando ella descubrió su primera cana quiso arrancarla de un tirón, pero como el odioso pelo blanco se prolongaba, jaló y jaló, mientras su cuerpo se destejía, hasta que sólo quedó una niña, llorando asustada.

       11)
       "El gladiador",
José Luis Vicent

       Desde bien crío, Maximus solo tenía una pasión, el Circo; y un sueño, morir en la arena. Su padre le fabricó una espada con madera de olivo que era una réplica exacta a las que utilizaban los gladiadores profesionales para sus entrenamientos cuerpo a cuerpo.
       Llegado el gran día tras haber alcanzado la edad y grado reglamentario, fue convocado a batirse en el Coliseo en presencia del César y del pueblo romano.
       Nada más pisar la arena sintió que toda su vida había sido una preparación para ese momento tan crucial. Allí, de pie sobre la arena ardiente bajo un cielo azulísimo, sujetó con Þrmeza la empuñadura de su espada y se bajó la visera del casco. Tenía prisa por abatir a su oponente y fue el primero en asestar una mortal estocada. Su contrincante, que encajó el golpe y fue algo más lento en responder, vio caer de rodillas a Maximus con el pecho partido y sosteniendo aún, incrédulo, una espada de madera.

       12)
       "El emigrante",
Luis Felipe Lomelí

       -¿Olvida usted algo?
       -Ojalá.

       13)
       "El indeciso",
Enrique Alonso-Morgado

       Tanto lo pensó que jamás llegó a ser más que un espermatozoide.

       14)
       "208", del libro "La sueñera",
Ana María Shua

       Comprendo entonces que es necesario, para consolidar mi éxito, comenzar a imitarme a mí misma y trato de copiar mis gestos ante el espejo sin lograrlo, sin lograrlo, cada vez más diferente de mi propia imagen.

       15)
       "Confusión",
Alejandro Jodorowsky

       Sin darse cuenta de que estaba afuera se aferraba a los barrotes de la ventana, gritándoles a los carceleros que dormían dentro: "¡Déjenme salir!"

       16)
       "Cuento de horror",
Juan José Arreola

       La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.

      


B.- Categoría:  FAMILIA

       Primer lugar:
       "El soldado",
Gabriel García Márquez

       Un soldado argentino que regresaba de las Islas Malvinas al término de la guerra llamó a su madre por teléfono desde el regimiento de Palermo, de Buenos Aires, y le pidió autorización para llevar a su casa a un compañero mutilado cuya familia vivía en otro lugar. Se trataba -según dijo- de un recluta de diecinueve años que había perdido un brazo y una pierna en la guerra y que además estaba ciego. La madre, feliz del retorno de su hijo con vida, contestó horrorizada que no sería capaz de soportar la visión del mutilado y se negó a aceptarlo en su casa.
       Entonces el hijo cortó la comunicación y se pegó un tiro: el supuesto compañero era él mismo que se había valido de aquella patraña para averiguar cuál sería el estado de ánimo de su madre al verlo llegar despedazado.

       Segundo lugar:
       "Metamorfosis",
Ramón Gómez De La Serna

       No era brusco Gazel, pero decía cosas violentas e inesperadas en el idilio silencioso con Esperanza. Aquella tarde había trabajado mucho y estaba nervioso, deseoso de decir alguna gran frase que cubriese a su mujer asustándola un poco. Gazel, sin levantar la vista de su trabajo, le dijo de pronto:
       -!Te voy a clavar con un alfiler como a una mariposa!
       Esperanza no contestó nada, pero cuando Gazel volvió la cabeza vió como por la ventana abierta desaparecía una mariposa que se achicaba a lo lejos, mientras se agrandaba la sombra en el fondo de la habitación.

       3)
       "Los buenos deseos",
Juan Armando Epple.

       Al terminar la cena, la familia y los invitados se reunieron en el salón para esperar el año nuevo. Apúrate mamá, le gritaron. Ella se unió al grupo sacándose el delantal. Comprobó que en una mesita de centro había un plato de lentejas y una fuente de uvas. Y cerca de la puerta, una maleta.
       Cuando el ídolo televisivo empezó a contar hasta doce, algunos eligieron el ritual de las doce uvas y otros una cucharada de lentejas. Ella se acercó a la puerta y cogió la maleta. ¡La mamá desea un viaje -exclamó el hijo mayor- va a dar una vuelta por la manzana! Con la algazara de los abrazos no se dieron cuenta que ella se alejaba por la calle, con pasos decididos, sin mirar hacia atrás. De esto hace ya varios años.

       4)
       "Bailarina",
René Avilés Fabila

       Estoy profundamente enamorado de una bailarina. Su tez es blanca, pálida, piel suave y tersa, piernas hermosas y senos pequeños, labios rojos y los ojos oscuros, como sus cabellos largos y sedosos. Su cuerpo esbelto gira y danza vestido con mallas negras, lo mismo música de Tchaikovsky que rock and roll. Ignoro si me corresponde, si ella siente algún afecto por mí. Parece un enigma desentrañable. Me mira tristemente y nunca ríe, en ocasiones me dedica una sonrisa apenas esbozada, cuando en la soledad de mi casa se le termina la cuerda y vuelvo a guardarla en su caja de cristal.

       5)
       "La casa vacía",
Helder Amos

       A pesar de que los de la mudanza se habían llevado todo, cuando regresó a su antigua casa para verificar que estuviera lista para la venta, se encontró con que la casa, todavía, estaba llena de recuerdos.

       6)
       "Su viuda y su voz",
Ana María Shua

       De las cañerías provenía un ruido fuerte y triste al que ella suponía la voz de su marido muerto. Todas las cañerías hacen ruido, argumentaban sus amigos. En todas las cañerías se manifiesta su espíritu, decía ella. Todas las cañerías hacían ruido cuando él estaba entre nosotros, argumentaban sus amigos. Pero solamente ahora me hablan de amor, decía ella.

       7)
       "La Bella Durmiente del Bosque y el Príncipe",              Marco Denevi

       La Bella Durmiente cierra los ojos pero no duerme. Está esperando al Príncipe. Y cuando lo oye acercarse simula un sueño todavía más profundo. Nadie se lo ha dicho pero ella lo sabe. Sabe que ningún príncipe pasa junto a una mujer que tenga los ojos bien abiertos.

       8)
       "El padre y el hijo",
Lafcadio Hearn

       En un pueblo de la provincia de Izumo vivía un campesino tan pobre que cada vez que su mujer daba a luz un hijo, lo arrojaba al río.
       Seis veces renovó el sacrificio. Al séptimo alumbramiento, consideróse ya suficientemente rico como para conservar al niño y educarlo.
       Poco a poco, con gran sorpresa suya, fue encariñándose con el pequeño.
       Una noche de verano encaminóse a su jardín con el infante en brazos. Este tenía cinco meses. La noche, iluminada por una luna inmensa, era tan resplandeciente que el campesino exclamó:
       -¡Ah, qué noche tan maravillosamente hermosa!
       Entonces el niño, mirándolo fijamente y expresándose como persona mayor, dijo:
       -¡Oh, padre, la última vez que me arrojaste al agua, la noche era tan hermosa como ésta, y la luna nos miraba como ahora. . . !

       9)
       "Recuerdos ausentes",
Víctor Díaz.

       A los veintisiete años conocí a mi padre. Lo encontré en Matucana, sentado en una banca, una gran barba y su pelo sin asear.
       Mientras caminaba hacia él, miles de recuerdos saltaron a mi cabeza, en los cuales siempre estuvo ausente. Me miró gentilmente y yo también lo hice mientras me dirigía hacia la banca. Nunca es tarde para volver empezar, es lo que siempre he pensado, pero no me gusta alterar el curso de las cosas. Deposité una moneda en el tarro y asentí con mi cabeza, tal cual lo habría hecho un hijo a un padre.

       10)
       "La obra maestra",
Álvaro Yunque

       El mono cogió un tronco de árbol, lo subió hasta el más alto pico de una sierra, lo dejó allí, y, cuando bajó al llano, explicó a los demás animales:
       -¿Ven aquello que está allá? ¡Es una estatua, una obra maestra! La hice yo.
       Y los animales, mirando aquello que veían allá en lo alto, sin distinguir bien qué fuere, comenzaron a repetir que aquello era una obra maestra. Y todos admiraron al mono como a un gran artista. Todos menos el cóndor, porque él era el único que podía volar hasta el pico de la sierra y ver que aquello sólo era un viejo tronco de árbol. Dijo a muchos animales lo que había visto, pero ninguno creyó al cóndor, porque es natural en el ser que camina no creer al que vuela.

       11)
       "El príncipe",
Patty Webber

       Y justo cuando el príncipe apareció, ella dejó de creer en los cuentos.

       12)
       "Motivo literario",
Mónica Lavín

       Le escribió tantos versos, cuentos, canciones y hasta novelas que una noche, al buscar con ardor su cuerpo tibio, no encontró más que una hoja de papel entre las sábanas.

      


C.- Categoría:  CIUDAD

       Primer lugar:
       "El globo",
Miguel Saiz Álvarez

       Mientras subía y subía, el globo lloraba al ver que se le escapaba el niño.

       Segundo lugar:
       "212", del libro "La sueñera",
Ana María Shua

       Esperando la llegada del tren en la mitad del campo, vestidos de domingo, conversando, compartiendo el contenido de las cestas, sin preocuparse por la ausencia de terraplén, de durmientes, de vías, con la gozosa, silenciosa certeza de que ningún absurdo tren vendrá a quebrar las dulzuras de la espera.

       3)
       "Ideal loco",
Alejandro Jodorowsky

       Un arquero quiso cazar a la luna. Noche tras noche, sin descansar, lanzó sus flechas hacia el astro. Los vecinos comenzaron a burlarse de él. Inmutable, siguió lanzando sus flechas. Nunca cazó a la luna, pero se convirtió en el mejor arquero del mundo.

       4)
       "La caída",
Manuel Pastrana Lozano

       No se mueve ni una sola hoja sin que yo lo sepa, decía habitualmente. Un día, mecida por el fuerte viento que soplaba en el país, cayó suavemente desde el árbol una hojita que parecía insignificante hacia una tierra que la esperaba desde hacía largo tiempo. Entonces, y sólo entonces, él calló para siempre.

       5)
       "Tranvía",
Andrea Bocconi

       Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. "Amplia sonrisa, caderas anchas... una madre excelente para mis hijos", pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.
       Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera lo conocía.
       Dudó. Ella bajó.
       Se sintió divorciado: "¿Y los niños, con quién van a quedarse?"

       6)
       "El pequeño pez",
Anthony de Mello

       -Usted perdone -le dijo un pez a otro- es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame:¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado.
       -El Océano -respondió el viejo pez- es donde estás ahora mismo.
       -¿Esto? Pero si esto no es más que agua. . . Lo que yo busco es el Océano -, replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

       7)
       "Puente del Arzobispo",
Eliana Castillo

       He pasado el Puente del Arzobispo por más de seis décadas, esperando que en algún momento el viento se acuerde de levantarme la falda.

       8)
       "117", del libro "La sueñera",
Ana María Shua

       ¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entre tanto, la tormenta arrecia y lo marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

       9)
       "61", del libro "Cuando era muchacho",
José Santos González Vera

       Cuando los mensajeros andaban en su cometido, debía suplirles. Me correspondió, antes del mediodía, llevar un manojo de rosas a un hospital. Encontré a la destinataria en el pasadizo, en un corro de enfermeras.
       -Dígale al caballero que me deje tranquila, que hasta cuando me... que no deseo saber más de él... que no puedo recibir sus flores, que... -era una criatura imponente, opulenta, con abrumadora facilidad verbal. Salíanle las palabras de la boca, los ojos, las manos, la ropa, etcétera. Su oración duró no menos de quince minutos.
       Al volver con el manojo y la carta, el remitente me interrogó:
       -¿Y cómo es esto?
       Le expresé con prudencia y brevedad las razones que la dama adujo para rechazarlo. Aunque no dejaba de mirarme, no logré apreciar su reacción porque él padecía de bizcura divergente. Yo veía su faz y uno de sus ojos. El otro escapaba a mi enfoque. ¿Y qué dice un rostro si falta la expresión de sus dos ojos clavados en el interlocutor?
       Sin violencia dio media vuelta y se perdió en el largo pasillo. Un rato más tarde salió con el ramillete, pensativo, acaso rumbo a su hogar, llevándolo como delicada ofrenda a su esposa.

       10)
       "Un creyente",
George Loring Frost

       Al caer la tarde, dos desconocidos se encuentran en los oscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:
       -Este lugar es siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?
       -Yo no -respondió el otro-. ¿Y usted?
       -Yo sí -dijo el primero, y desapareció.

       11)
       "El discípulo",
Oscar Wilde

       Cuando murió Narciso, el remanso de su placer cambió desde aguas dulces a lágrimas saladas. Las ninfas vinieron llorando por el bosque para consolar al remanso.
       Soltando los verdes rizos de su pelo, le dijeron:
       -No nos sorprende que llores así por Narciso, que era tan bello.
       -¿Era bello?
       -¿Quién podría saberlo mejor que tú? -respondieron las ninfas-. -Él nos ignoraba, pero te atendía ti. Te miraría desde tu orilla, y el espejo de tus aguas reflejaría su belleza.
       Y el remanso respondió:
       -Yo amaba a Narciso porque, cuando se ponía en mi orilla y me miraba, en el espejo de sus ojos yo veía reflejada mi propia belleza.

       12)
       "El miedo",
Eduardo Galeano

       Una mañana nos regalaron un conejo de indias. Llegó a casa enjaulado. Al mediodía le abrí la puerta de la jaula.
       Volví a casa al anochecer y lo encontré tal como lo había dejado: jaula adentro, pegado a los barrotes, temblando del susto de la libertad.

       13)
       "El drama del desencantado",
Gabriel García Márquez

       ...el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida.

      


D.- Categoría:  INMENSIDAD

       Primer lugar:
       "Génesis",
Marco Denevi

       Con la última guerra atómica, la humanidad y la civilización desaparecieron. Toda la tierra fue como un desierto calcinado. En cierta región de Oriente sobrevivió un niño, hijo del piloto de una nave espacial. El niño se alimentaba de hierbas y dormía en una caverna. Durante mucho tiempo, aturdido por el horror del desastre, solo sabía llorar y clamar por su padre. Después sus recuerdos se oscurecieron, se disgregaron, se volvieron arbitrarios y cambiantes como un sueño; su horror se transformó en un vago miedo. A ratos recordaba la figura de su padre, que le sonreía o lo amonestaba, o ascendía a su nave espacial, envuelta en fuego y en ruido, y se perdía entre las nubes. Entonces, loco de soledad, caía de rodillas y le rogaba que volviese.
       Entretanto la tierra se cubrió nuevamente de vegetación; las plantas se cargaron de flores; los árboles, de frutos. El niño, convertido en un muchacho, comenzó a explorar el país. Un día, vio un ave. Otro día vio un lobo. Otro día, inesperadamente, se halló frente a una joven de su edad que, lo mismo que él, había sobrevivido a los estragos de la guerra atómica.
       -¿Cómo te llamas? -le preguntó.
       -Eva -contestó la joven-. ¿Y tú?
       -Adán.

       Segundo lugar:
       "Caballo imaginando a Dios",
Augusto Monterroso

       A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el caballo.
       Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de Jinete.

       3)
       “Canto a la realidad”,
José María Merino

       Sueña la Bruja del Este que es un ama de casa con los rulos siempre puestos y una receta estupenda de buñuelos de viento. Sueña el Príncipe Azul que es un funcionario público detrás de una ventanilla que pone sellos de hasta tres colores distintos. Sueña el Hada Madrina que es maestra de escuela en un pueblo pequeño y amante discreta de un hombre casado. Sueña el Viejo Dragón, en su cueva, con la partida de dominó de los sábados a ritmo de chatos de vino y aceitunas sin hueso. Cada mañana, todos despiertan con la triste conciencia de quien se sabe preso y sin salida en un mundo de fantasía.

       4)
       "Robinson desafortunado",
Ana María Shua

       Corro hacia la playa. Si las olas hubieran dejado sobre la arena un pequeño barril de pólvora, aunque estuviese mojada, una navaja, algunos clavos, incluso una colección de pipas o unas simples tablas de madera, yo podría utilizar esos objetos para construir una novela. Qué hacer en cambio con estos párrafos mojados, con estas metáforas cubiertas de lapas y mejillones, con estos restos de otro triste naufragio literario.

       5)
       "El fantasma",
Helder Amos

       Se asustó al pasar frente al espejo, ¡había visto a un fantasma! y al darse la vuelta para escapar de esa casa embrujada, vio su cuerpo sin vida reposando sobre el sofá.

       6)
       "El asesino rubio",
Juan José Tapia

       Observaba el cigarrillo con curiosidad, casi con religioso respeto.
       -No puede ser; es imposible. Deben estar equivocados todos esos necios.
       El humo salía de su boca acompasado por el ritmo de sus palabras. Echó una última mirada a la colilla antes de abandonarla en el cenicero.
       -¿Sabes qué? Siempre creí que mi asesino tendría una apariencia más fiera.

       7)
       “El paraíso imperfecto”,
Augusto Monterroso

       -Es cierto -dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

       8)
       "In Paradisum",
Marco Denevi

       Dios debe disponer que periódicamente los santos y los bienaventurados abandonen por una temporada el Paraíso, pues de lo contrario no saben u olvidan que viven en el Paraíso, empiezan a imaginar otro Paraíso por su cuenta, en comparación el Paraíso les parece muy inferior, una especie de caricatura, eso los pone melancólicos o coléricos y terminan por creerse los condenados del Infierno.

       9)
       "Espera fundacional",
Yessica Pontet

       Los charcos se hicieron lagos que se transformaron en mares. Se perdió hasta la dulzura en aquella inmensidad oceánica. Llovió tanto que parecía bíblico, tanto que comenzó una nueva era, tanto como para sentirme tan poco; sin casa, sin orígenes, sin entorno. Será que el agua lo diluyó todo sin retorno. Espero al ave con la rama verde en su pico, quiero creer que así funciona.

       10)
       "La petición",
Jorge Dixon Neri

       Después de muchos años de haberla hecho, su petición fue finalmente aceptada. Hasta entonces supo que previamente habría de permanecer enclaustrado un tiempo más o menos largo. Súbitamente fue tomado de los pies y arrastrado hacia fuera, donde por unos instantes quedó suspendido en el aire cabeza abajo, envolviéndolo una luz cegadora. Por la espalda, sorpresivamente, recibió un golpe fortísimo que le hizo lanzar un prolongado alarido que remató en sollozos; acababa de nacer.

       11)
       "Los fantasmas y yo ",
René Avilés Fabila

       Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas, hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes.

       12)
       "El Maestro traicionado",
Marco Denevi

       Se celebraba la última cena.
       -Todos te aman, ¡oh Maestro! -dijo uno de los discípulos.
       -Todos no -respondió gravemente el Maestro-. Sé de alguien que me tiene envidia y, en la primera oportunidad que se le presente, me venderá por treinta dineros.
       -Ya sabemos a quien te refieres -exclamaron los discípulos-. También a nosotros nos habló mal de ti. Pero es el único. Y para probártelo, diremos a coro su nombre.
       Los discípulos se miraron, sonrientes, contaron hasta tres y gritaron el nombre del traidor. El estrépito hizo vacilar los muros de la ciudad. Porque los discípulos eran muchos y cada uno había gritado un nombre diferente.