ARISTODEMO                    Un lugar literario
Atisbando los misterios         Gonzalo Rodas Sarmiento

  Panes sabios

   Había un estanque milagroso,
   muy cerca estaba el hombre postrado.
   Nadie lo conducía hasta el agua;
   habituado a su tristeza solo,
   por siempre el amor necesitando.
   Es entonces que el Maestro le habla.

   ¿Estás listo ya para sanar?
   Fue un genial y misterioso adagio.
   Esta vez escuchó el hombre atento:
   ¡Toma el lecho y ponte a caminar!
   A mí también me está levantando . . .
   ¿Cómo es la camilla en que estoy puesto?

         * * *

   Encontraréis un asno amarrado,
   no ha sido montado todavía.
   Así fue la pista de ese instante
   para ingresar al pueblo sagrado.
   Puesto que el Señor lo necesita
   desatad al digno personaje.

   Busca al personaje en tu interior.
   Es como una voluntad bendita,
   una fuerza fiel perseverante
   que tienes olvidada en tu albor,
   y Jesucristo la necesita.
   Lo pequeño ha de ser abundante.

         * * *

   Jesús me preguntó acaso escucho;
   duda que supuse no tener.
   Jesús me respondió con esmero:
   Algo diferente yo pregunto.
   El Maestro pide un nuevo atender,
   no por afuera sino por dentro.

   Lo divino se escucha bajito,
   cuando me salgo de tanta bulla.
   Palabra atravesando tiniebla,
   débiles susurros cristalinos,
   están alumbrados por la luna,
   para gritarlos en la azotea.

         * * *

   Jesús pide a fervientes adeptos
   que den de comer a mucha gente
   el alimento para las almas.
   Un niño se presenta primero
   con cinco panes y dos peces:
   audaz boceto y preguntas sabias.

   Jesús bendijo el hablar del niño,
   y surgieron muchos nuevos panes
   que habían estado temerosos.
   Lo compartieron en grupos chicos
   y en cestos juntaron los sobrantes
   de darse los unos a los otros.

         * * *

   Envió Jesús a sus aprendices
   en originales aventuras
   a las aldeas, de dos en dos.
   Se alejaron éstos muy felices
   en llana pobreza y sin holguras
   para anunciar el Reino de Dios.

   Al cumplirse el tiempo convenido
   fue una fiesta el regreso de todos
   contando diversas maravillas.
   Dijo al cielo Jesús complacido:
   Lo que ocultaste a los estudiosos
   lo diste a las personas sencillas.

   

Retorno:    Volver a "Atisbando los misterios"