ARISTODEMO                    Un lugar literario
Atisbando los misterios         Gonzalo Rodas Sarmiento

  Trascender

   Cuando fui pequeño tuve un amigo,
   y me sorprendían hablando solo
   con ese invisible inventado niño;
   lo abandoné entre bromistas odiosos.

   Como aquel imaginario de Frida,
   en el otro lado de su cristal,
   por una letra de la lechería,
   con su amiga para reír y bailar.

   Amo el libro que fue premio en mi infancia,
   con niñez en todos los personajes;
   orientó para siempre mi mirada
   hacia los mantos albos y radiantes.

   Primero levanté una fe pensada,
   proveniente de un lugar de mi ser;
   después derivé a la oración del alma. . . ,
   y no supe hacia dónde la llevé.

   Admito que nunca podré olvidar
   el vivo resplandor que iluminó
   y me hizo ver de manera fugaz
   la salida abierta de la prisión.

   Siento la amorosa antigua presencia
   de una persona que no conocí;
   visualizo también a mi maestra
   viviendo lejos y cerca de aquí.

   Voy hacia lo profundo de la vida
   por senda habilitada desde ayer,
   en escucha y buscando la armonía
   es la manera de ir a trascender.

   Me muevo entre las escenas de Cristo
   vibrando cual mágico diapasón;
   mi anhelo es ser un emisario digno
   y participar en la creación.

   Inadvertido y cruzando alambradas,
   buscando encontré el entorno preciso
   del discurso del monte y explanada
   que desde siempre en mí ya estaba inscrito.

         * * *

   Estás siempre deshaceiendo mi nieve,
   ese hielo desafiando al calor;
   pero el fuego de tu voz nunca muere;
   seguirá viniendo a mi corazón.

   La sonrisa de tu rostro divino
   me ha estado manteniendo en pie
   cuando miras los juegos de los niños
   que en tus parques empiezan a correr.

   Son miles los que viven en tu casa,
   Y tú disfrutas sus cantos alegres;
   ellos me traen una antigua añoranza
   de una futura existencia celeste.

   Déjame contemplar como ellos brincan,
   permíteme disfrutar sus espacios,
   concédeme encantarme con su risa,
   acéptame al acompañar su llanto.

   Como en el principio me has enseñado,
   me asomaré por un instante corto
   a ese jardín de encuentros encantados
   bajo la sombra de árboles frondosos.

   ¿Por qué me oculto y me resisto tanto
   si lo que necesito es encontrarte?
   Como si estuviera paralizado
   y ciego a tu presencia deslumbrante.

   Desde el alto manatial de la vida
   un suave torrente musical brota;
   si atiendo el llamado me comunica
   con los siglos y todas las personas.

         * * *

   Desde el misterioso iris de mi ser
   brotan las fuentes de agua de la vida
   con la misión de ir a desvanecer
   las cicatrices de antiguas heridas.

   Sanar es limpiar toda falsa imagen
   de aquel venerado ser trascendente,
   aprender cómo mejor invocarle
   y atender su palabra desde siempre.

   El encuentro casual dispone en mí
   el decoroso y apropiado atuendo
   que necesitaba para acudir
   a cada próximo esencial encuentro.

   Así es la manera de revelar
   cuáles son esas realidades mías
   que necesito pronto rescatar
   porque están pisoteadas o escondidas.

   

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