Soneto 1 Escuchar el llamado
Casi escapo del mundo, soltando antigua crianza;
saber cuánto debo a mi vida, es lo que me ofende.
Temo salir desde la tumba, al viento que enciende
un destino nuevo, donde mi espejo no avanza.
Capto la imagen y trinitaria semejanza,
esencia común con el Señor que me trasciende.
El de las estrellas, el que siempre es, y me entiende
porque también espera eso que me da esperanza.
Escucho en mi mar la voz del enviado tenor:
"Recuerda que caíste desde el árbol de la vida".
Lo adoraré si devuelve mi primer amor.
Me dijo: "No lo hagas, pero escribe la acogida,
y sé mi amigo aun si doy mensajes de dolor".
Al entrar en casa, mi justicia está dormida.
Soneto 2
Responder al llamado
Mi mar de cristal mira a Cristo abriendo el candado
y llamando a renacer en cuerpo, ser y mente.
Hacia afuera y adentro mira cada viviente:
El forzudo, el poeta, el ardiente y el enviado.
La oración trajo un caballo blanco por el prado.
Tiene arco y corona el jinete de ojo ferviente;
vestido del mismo blanco, de justicia es fuente.
Su espada es palabra fiel, que da significado.
Luz, calor y vida, desde lo alto el sol regala.
Me anuncia que hablando en fidelidad ilumino,
lo que es, lo que ha de ser y lo que ha sido el mandala.
Con mi linterna me muevo a iniciar el camino.
Ser un jinete blanco, el llamado me señala,
ser susurro de agua fluyendo hacia su destino.
Soneto 3
La resistencia a salir
Un mensaje divino capta mi corazón;
he vivido verdad donde reina el falso experto;
la palabra busca mi piedra blanca en el huerto.
No he de culparle; mi historia anuncia mi misión.
Con un pie sobre el mar y el otro en seca región,
el ángel me enseña a amar el futuro concierto.
Comí el librito de sueños, en su mano abierto.
Primero fue dulce, después amarga ración.
Herí la antigua copa vertida en fuego acuoso;
mi mar, donde descansa mi vida, he de limpiar.
Ya es el tiempo de salir del vientre generoso.
Quiero vencer al dragón que me impide avanzar;
fue enviado por un hombre sociable y poderoso.
Adeptos que le rindan culto, quiere en mí encontrar.
Soneto 4
La salida
Con la cabeza hacia abajo, un pie a una rama ciño,
y miro mi historia, ya sin la antigua gomina.
Se abre otro sello y un caballo alazán camina;
la espada del jinete contemplo y escudriño.
La fea y deforme enviada me habla con cariño,
de la que da a luz, velada a la bestia dañina.
Quien será Hombre Nuevo nació de mujer cristina;
para auxiliarlo del dragón fue quitado el niño .
Llegaron los sabios, cada uno de alba vestía,
cuando vi el arco iris de la puerta celestial:
amor, perdón, verdad, creación, valor, alegría.
También vi presencias y ausencias, en gran caudal.
Camino, verdad, vida, giran en armonía.
Ahora puedo encerrar al dragón en un fangal.
Soneto 5
La lucha con enmascarados
Salí de mi tierra y vi, subiendo desde el mar,
un burdo animal con máscaras en sus cabezas.
Antes lo adoraba, y me dejó tiernas tristezas,
rabia de saber, vergüenza que hoy me hace luchar.
Un niño acosado quedó preso en mi lugar.
Uso disfraces; ya en el lodo están las bajezas;
era un espejo el sitio en que escondí las certezas.
Si amo al pobre y me soy fiel, podré el reino encontrar.
Me ilumina ir al sueño, y al ausente dar vida;
despertaré para ser profeta en la ciudad.
Llueve agua muy pura y exploro la oculta herida.
En el libro, dentro y fuera, escribió la deidad;
hoy pido al enviado que me enseñe su acogida.
Quiero dar amor, y que brote fuerza, y verdad.
Soneto 6
Sacarse las máscaras
La llave del abismo llegó desde un lucero;
dejó salir langostas con realeza en la cara.
Vigilé que todavía al árbol no dañara;
alegría, confianza y ternura es lo que espero.
Apareció un negro corcel y su caballero;
lleva una balanza, y para el atrio me dio una vara.
Discerniré cuál semilla es de una vida clara;
para sembrar, venceré resistencias primero.
Al niño que quiere vivir, Cristo lo ilumina,
junto a mí en la montaña, desprende mi careta.
Miro en mí la extensión de la creadora divina.
Fluye en su cauce la nueva música violeta;
amo esa fuente, la inagotable y cristalina.
Lavo mis ropas para ir a la entrada secreta.
Soneto 7
La lucha con mi sombra
Parezco vivir, pero con cosecha perdida.
Mi oído abriré en busca de armonía valiosa
para recordar lo antiguo, y recobrar la airosa,
la dignidad blanca para el libro de la vida.
Soy rama nueva y vengo de rama envejecida.
Me cierra la pasada una bestia mentirosa;
marca con Oro de Salomón al que la endiosa,
el que ha sido borrado del libro de la vida.
Me enfrento a las alas rojizas de la mujer,
basura hay en su cáliz de oro, perla y cristales
Miro en su rostro igual al mío un gran menester.
Mi sombra se dobla en muros y vías formales.
Será cautiva la que está sobre aguas de ayer,
con ella han fornicado los reyes terrenales.
Soneto 8
La integración de la sombra
Jesús milagroso legó un dorado corcel;
su jinete listo, viene a matar a la muerte;
no surtirá a un sector, para que el otro despierte.
Con la ayuda de Ariadna llego a la oculta hiel.
Me hace ver el desorden y la imagen infiel.
La ciudad ha caído por un sismo muy fuerte;
aborrecida hasta por el rey que la pervierte.
Venid al juicio, sobre el agua que arde en la piel.
Vendrá el inscrito en el libro, y el bestial sirviente.
En la oscuridad del día busco un leve fuego;
alumbro mi sombra y así comprendo a la gente.
Al liberar mi anhelado sueño, me despliego;
la maestra me señala como encontrar el puente,
a vencer el miedo, las costumbres, y el apego.
Soneto 9
Descubrir el alma
Se partió la ciudad con tormentas y temblor;
cada uno de los muertos llegó a ser peregrino.
Alguien viene, y me seduce su embuste dañino;
Están los que esperan, y también el impostor.
¿Elegiré el amor celestial o el vano amor?
Varón y dama siguen por el mismo camino;
Con vida abierta busco cuándo di amor genuino,
y cuánto fue el aprendizaje, y cuánta labor.
He tenido paciencia pero viví hacia afuera.
Miro el devenir y mi futuro imaginado.
Esa maligna Jezabel ya no se tolera.
Ser maestro desde mi ser, Jesús me lo ha enseñado,
para que diera amor, y mi expresión construyera;
con paso firme, llega el corazón renovado.
Soneto 10
Aceptar el alma
Al abrirme a mirar en mi interior, vi el sagrario,
y bajo él, los que bebieron agua dolorosa,
pedían justicia, agitando una palma ansiosa.
Se pusieron a orar con nuevo blanco vestuario.
La ciudad nueva de cristal bajó del santuario
ataviada para el novio, como bella esposa;
cada calle y cada casa es diáfana y valiosa.
Se midió la gran ciudad y su alto campanario.
Muros de doce bases, con gemas de fundar;
en cada uno una puerta, tres hacia cada oriente.
Los inscritos en libro eterno podrán entrar.
No vi el templo; Jesús pastor de luz es la fuente.
Tierra y cielo nuevos, ya no está el antiguo mar.
Cuando tenga sed, beberé del agua viviente.
Soneto 11
La crisis ególatra
Me gustó tanto el saber, que me puse arrogante;
mi ser está escondido tras mi cuerpo de león.
Después que la vendimia vertió sangre al jarrón,
con tibio actuar retorné a una ruina elegante.
Bebí su vino, y vendí la ciudad a un mercante;
esa que vistió de lujo, sin tener visión.
Desnudo, subí los tres pisos de la mansión;
ésta se destruyó hasta que un día se levante.
El dolor me ha sacado de esa ciudad oscura.
Ranas escupidas iniciaron la reyerta;
se secó el río, y ahora es camino de aventura.
Los de las naves están llorando en la cubierta.
Buscaré el tesoro, con la blanca vestidura;
la santa presencia que negué, llama a la puerta.
Soneto 12
Acceso a la sabiduría del espíritu
Hubo un terremoto, y el sol se oscureció ayer,
la luna fue sangre; y la estrella se vino al suelo;
como un pergamino celeste, se enrolló el cielo;
islas y montañas se empezaron a mover.
Vi jinetes con voces de fogoso poder;
no escuché ruido de molinos ni voz de anhelo.
Débil e inocente, me escondí tras pétreo velo;
que la prisión tenga candado no es menester.
Un anciano con linterna se acerca al futuro;
me muestra quien soy, y salgo del sepulcro mío;
la sangre de Cristo me recorre sin apuro.
Al alba desamarro a los niños, junto al río;
descubro la armonía de su canto tan puro;
un niño pone agua en su cáliz antes vacío.
Soneto 13
Encontrar el tesoro
Anuncié la palabra, sin quedarme pasivo,
y he honrado a aquel que abrió, para mí con bondad,
la puerta que perdurará por la eternidad,
para entrar al divino universo creativo.
Desde una fuente pura, junto al vital olivo,
fluye el agua viva, venida de la verdad.
Recibiré los nombres de la nueva ciudad;
ya no tendré sed y seré pilar decisivo.
Estoy sobre un firme mar de luz y calidez,
junto a otros, cantando una alabanza diferente,
canto de cielo y tierra me enlaza a la niñez.
La princesa que danza se nutre de la fuente;
ya no tengo lámpara; Dios me da lucidez.
He retornado al divino y venturoso ambiente.
Soneto 14
Unificación integradora
Subí a desatar el pie oscilante de la traba,
y como un loco salgo a buscar lo original.
Aunque no entiendan, mi destino es verdad cabal;
preciso encontrar el mensaje que yo guardaba.
Hubo silencio en el templo al abrirse la aldaba,
y así dejar el paso al anuncio celestial,
y llegue al incensario la fuerza espiritual,
para renacer sumando lo que oculto estaba.
La esposa del Cordero ya luce el áureo manto
de las acciones justas que abatieron mi mundo;
doce y doce ancianos son ahora del reino santo.
Multitud que alaba, en fragor de río fecundo,
al que es, que era y ha de venir, se eleva el canto.
Grato es tener, de la vida, el motivo profundo.
Panes sabios
Había un estanque milagroso,
muy cerca estaba el hombre postrado.
Nadie lo conducía hasta el agua;
habituado a su tristeza solo,
por siempre el amor necesitando.
Es entonces que el Maestro le habla.
¿Estás listo ya para sanar?
Fue un genial y misterioso adagio.
Esta vez escuchó el hombre atento:
¡Toma el lecho y ponte a caminar!
A mí también me está levantando . . .
¿Cómo es la camilla en que estoy puesto?
* * *
Encontraréis un asno amarrado,
no ha sido montado todavía.
Así fue la pista de ese instante
para ingresar al pueblo sagrado.
Puesto que el Señor lo necesita
desatad al digno personaje.
Busca al personaje en tu interior.
Es como una voluntad bendita,
una fuerza fiel perseverante
que tienes olvidada en tu albor,
y Jesucristo la necesita.
Lo pequeño ha de ser abundante.
* * *
Jesús me preguntó acaso escucho;
duda que supuse no tener.
Jesús me respondió con esmero:
Algo diferente yo pregunto.
El Maestro pide un nuevo atender,
no por afuera sino por dentro.
Lo divino se escucha bajito,
cuando me salgo de tanta bulla.
Palabra atravesando tiniebla,
débiles susurros cristalinos,
están alumbrados por la luna,
para gritarlos en la azotea.
* * *
Jesús pide a fervientes adeptos
que den de comer a mucha gente
el alimento para las almas.
Un niño se presenta primero
con cinco panes y dos peces:
audaz boceto y preguntas sabias.
Jesús bendijo el hablar del niño,
y surgieron muchos nuevos panes
que habían estado temerosos.
Lo compartieron en grupos chicos
y en cestos juntaron los sobrantes
de darse los unos a los otros.
* * *
Envió Jesús a sus aprendices
en originales aventuras
a las aldeas, de dos en dos.
Se alejaron éstos muy felices
en llana pobreza y sin holguras
para anunciar el Reino de Dios.
Al cumplirse el tiempo convenido
fue una fiesta el regreso de todos
contando diversas maravillas.
Dijo al cielo Jesús complacido:
Lo que ocultaste a los estudiosos
lo diste a las personas sencillas.
Casa buena y nueva
Es una casa bella y generosa,
y no tiene camas para dormir;
sólo es una habitación misteriosa
con escenas de aprender a vivir.
Vivencias sutiles como las hadas
se reflejan en paredes contiguas
de firme fundamento y enlazadas
por pilar entre murallas antiguas.
Pieza afable decidí visitar
aunque toda multitud la abandona,
quiero vida nueva en gran cantidad
para convertirme en nueva persona.
* * *
Más claro en pantalla Juan he mirado:
divina palabra ya era al albor;
para todos la luz está llegando,
y habitó entre nosotros el Señor.
En la magistral pantalla de Lucas
se mira la dulce voz de la madre;
en la pared de Mateo se escucha
la sensatez silenciosa del padre.
Al acudir la Palabra divina
y sumergirse en el río entero,
llegó sutil una sagrada brisa
con suave rapidez de mensajero.
* * *
En la casa de Leví, según Marcos,
Jesús deja muy claro que ha venido
a llamar a quienes se han extraviado,
para que retornen al buen camino.
En su propia casa, según Mateo,
añadió Jesús, leyendo a Oseas:
"Entended que Dios quiere amor sincero,
no sacrificios, señaló el profeta".
Sólo en la pantalla Mateo se nota
que reitera lo del profeta antiguo,
lo que Dios quiere es la misericordia
en vez de los sangrientos sacrificios.
En la columna del conocimiento
está Jesús invitado a comer
en casa de Simón el fariseo,
vecino de Marta activa mujer.
Con un costoso perfume de nardo
la hermana de Marta ungió al Maestro;
dolida lloraba por sus pecados,
y le secaba los pies con su pelo.
En Mateo, un adepto reclama
por el derroche de esencia valiosa;
en Lucas, el fariseo la rechaza;
Jesús le enseñó la misericordia.
* * *
Marcos muestra la enorme multitud
de ovejas buscando un pastor afable.
Juan muestra un niño, tierna juventud,
trayendo los pocos peces y panes.
Horas después en el mismo pilar,
sobre las aguas camina Jesús
hacia el bote que avanza en tempestad
"Yo soy, no temáis" nos dice Jesús.
* * *
En el pilar del discípulo amado,
entrada triunfal a Jerusalén,
en alabanza al que viene en un asno,
y mañana una cena disponer.
En pared Lucas llegó sobre mantos;
los fariseos le pidieron silencio.
Jesús dijo: "Cuando éstos han callado,
las piedras han asumido el relevo".
En la pantalla Juan estamos viendo
la escena de Jesús lavando pies;
en esta forma les enseña a ellos
que deberán actuar así también.
* * *
En pared de Lucas está el perdón
"No tomáis el peso del mal que hacéis";
y al compañero de crucifixión:
"Hoy estarás conmigo en el Edén".
En la columna de sus enseñanzas
el Maestro se despide en un Amén
de los once amigos en la montaña;
según Lucas, hacia Jerusalén.
En la Galilea, según Mateo,
"Haced adeptos en todas los pueblos;
con vosotros sigo permaneciendo
cada jornada hasta el final del tiempo".
Canto a la Palabra del Reino
La Palabra ha llamado
Canto a la Palabra del Reino
que la creación ha regalado;
antes del inicio del tiempo,
la Palabra estaba reinando.
Vendrá un hombre que irá adelante,
nacerá en ti, santa mujer;
vendrá para hacer cosas grandes
ante los ojos de Belén.
Alegra tu rostro, María,
que ya estoy viviendo en tu vientre;
seré como luz en tu vida,
futuro, pasado y presente.
El ángel del Señor ha hablado
con claridad, mientras dormías;
te anunció un hermoso regalo
que dará sentido a tu vida.
Era un niño como cualquiera;
el niño divino crecía
en estatura y en certezas,
en gracia y en sabiduría.
De muchas diversas maneras
se está manifestando el verbo;
están escritas en la arena,
y las está gritando el viento.
Con fuerza llegó la Palabra
desde la llanura viniendo
a la multitud instalada
en la pendiente del otero.
Tienes que escuchar la Palabra,
además, necesitas verla,
y recordar cuando la hablabas;
en la comprensión se revela.
Habla en parábola el Maestro,
porque es un lenguaje perenne;
no se ancló en un antiguo tiempo;
está hablándonos desde siempre.
Quiso ver pasar al Señor
un hombre de actuar reprobable;
hasta el fondo de la mansión
la Palabra entró triunfante.
Es el nombre de Jesucristo,
en páginas que no son breves,
quien convoca a los peregrinos,
pero pocos de ellos atienden.
El pan ayuda a tener vida;
no sólo el pan que nutre el cuerpo;
también la Palabra divina,
que del alma es el alimento.
Permaneced en la Palabra;
iluminando a todo el mundo;
y cuando logres escucharla,
su contenido será tuyo.
Iniciar el sendero
Te serán sanados tus males,
los del cuerpo y también del alma;
ya puedes confiar y pararte;
ponte a caminar desde el alba.
Que sea tu Yo moribundo
quien dé sepultura a tu padre,
cuando cierren la vida juntos
ven a empezar tu nueva fase.
Verdades habitan ocultas
en una tenebrosa celda;
quiero que no te rindas nunca,
hasta verlas libres de vuelta.
Para ser la persona nueva,
de nuevo tienes que brotar,
gestándote en agua materna
desde semilla espiritual.
Porque eres como el viento alegre
que siempre ha sabido soplar;
mas, no sabe de donde viene
ni tampoco hacia dónde va.
Si sientes la total certeza
de poder transformar tu mundo,
puedes intentar cuando quieras,
y muy pronto verás el fruto.
Busca el Reino en campo cercano;
es una preciosa aventura;
encuentra el tesoro olvidado
en una memoria profunda.
Invocad a Dios santo nuestro,
sin miedo, pues él siempre está,
nos desata el divino Reino
y nos consigue la bondad.
A los guardianes les advierto,
que cuando callan los valientes,
otros hombres pierden el miedo,
y en su relevo, a gritar vienen.
Reconocerse
Le seguían entusiasmados,
hombres, mujeres, también niños,
de todos los pueblos cercanos,
excepto sus propios vecinos.
La oración contiene la fuerza
para superar las heridas;
cojos, ciegos y mudos llegan
con certeza de mejoría.
Dejad a los niños venir,
que vienen para rescatarnos;
aquel niño que vive en ti,
sabe abrir tus lugares santos.
El más pequeñito de todos,
si lo ves bien, es gigantesco;
recíbelo, y ponte dichoso,
como se recibe al hombre nuevo.
Es muy pequeña la semilla,
pero contiene un gran futuro;
necesita ser, algún día,
árbol generoso y robusto.
No descuides al que mendiga,
ni al enfermo ni al rechazado;
estoy dentro del alma herida
del pobre que va caminando.
Encontrarás un burro atado,
que no has montado todavía;
tráelo como a noble caballo,
porque el Señor lo necesita.
En la oración serás sincero,
y mirarás tu pequeñez;
acepta tus propios defectos,
y di que los quieres vencer.
No debéis tener enemigos
a quienes odiar de por vida;
perdona a los que te han herido,
arriesga así la otra mejilla.
Hay mercaderes maliciosos
que eligen un lugar sagrado
para hacer sus turbios negocios,
hasta que vayan a expulsarlos.
No dejes que caiga en las trampas,
dame la palabra del día;
llévame a perdonar las faltas,
incluyendo también las mías.
La revelación
Vine al mundo para salvar,
y no para condenar gente;
lo luminoso es esencial,
la tiniebla no es para siempre.
Hay quienes llenan su existencia
con las riquezas materiales;
es excesivo lo que pesan,
y en el plano esencial no caben.
No he venido a esta hermosa tierra
a dirimir odiosos juicios,
sino a enseñaros la manera
de recuperar lo perdido.
Mis ovejas he reagrupado,
desde rediles a gran distancia,
porque sólo uno es el rebaño,
y de todos es la Palabra.
Los que se han ido al otro lar,
después de cruzar el tabique,
ya no tienen cuerpo mortal;
igual que los ángeles viven.
Descubre en tu alma el ojo interno
y mira lo que no habías visto;
encuentra un oído allí dentro,
y el silencio tendrá sonidos.
Si el panorama se ve negro,
pon la luz en un candelabro,
que ilumine muchos senderos,
pero a la vista no haga daño.
Si un día te sientes atrapado,
alza la verdad en la llave
para dejar de ser esclavo
de la maldad abominable.
No sirve de nada que ganes
todo lo que en el mundo ves,
porque su precio es detestable:
tendrías que renunciar a ser.
Si quieres saber qué árbol eres,
no necesitas preguntar
ni acudir a sabios ni a reyes;
sólo mira los frutos que das.
Lo que busques será encontrado;
llamad a la puerta del Reino,
no pienses que está clausurado,
alguien te abrirá desde dentro.
La vida interior
Nos enviaron de dos en dos;
un hombre con una mujer,
la cabeza y el corazón,
la juventud y la vejez.
Si ofrecer una penitencia
es lo que sientes necesario,
primero limpia la aspereza
que tengas contra algún hermano.
Está bien proteger el cuerpo,
para que nadie le haga daño,
pero, atiende con más esmero
el alma que está a tu cuidado.
No es fácil amarse a sí mismo
y amar también a los demás;
haz como siempre en mí lo has visto:
ama mucho y déjate amar.
Ya puedes entrar a mi Reino,
no es como los reinos del mundo;
su riqueza no es del dinero,
y el rey no es esclavo del culto.
Desconcertada hija de un viudo,
la niña murió a su niñez,
mas, su derrame no es impuro;
nace a la vida de mujer.
No vine a decir cómo echar
al fuego las enfermas almas;
muy distinta es mi voluntad;
vine a enseñar cómo se sanan.
El varón y la mujer saben
que sus cuerpos han de juntar,
salvo que a ello renunciaren
por propia y santa voluntad.
Benditos son quienes aceptan
extraños acontecimientos
que muestran divina grandeza;
no lo ven los ojos del cuerpo.
El Reino de Dios es la casa
que contiene muchas viviendas,
para todas las vivas almas
que en el universo se encuentran.
Muerte y resurrección
Si tu trigo ya está brotando
no quites aún la maleza,
porque al trigo le harías daño;
convivirán hasta la siega.
Hay bellas casas que se caen
porque estaban sobre la arena;
cava hasta que la roca te hable,
y allí fundarás tu vivienda.
Por haber ella actuado mal,
sobre la Palabra lloró;
perdonando se aprende a amar,
y amando se aprende el perdón.
Tuve miedo a la tempestad,
y el Maestro me enseñó a calmarla,
y a no temerle nunca más;
pero no he aprendido nada.
La Palabra anda sobre el mar,
camina suelta sin hundirse;
otro tanto tú lograrás,
sin dudarlo y estando libre.
Si el valiente grano de trigo
es arrojado a tierra, y muere,
volverá en un día bendito,
transformado en fruto viviente.
Unos discípulos amados
llegaron antes al lugar,
y con gran paciencia esperaron
al lento Pedro, el cardenal.
Tesoro espiritual
En mi tristeza, hallé un viajero,
un peregrino fraternal;
llegué a saber que era el Maestro,
por un gesto al compartir pan.
La Palabra es el pan de vida;
acude a saciarte con ella;
cuando ese alimento bendigas,
Cristo correrá con tus piernas.
La multitud sólo tenía
cinco enseñanzas juveniles
y dos preguntas llamativas
para alimentar a los miles.
El Maestro decidió mostrarnos
esos aportes de unos pocos;
las ideas se multiplicaron,
y el alimento llegó a todos.
No te quedes en el lugar
de tan prodigiosa vivencia;
vuelve al universo trivial,
para entusiasmar la existencia.
Si camináis dentro de mí,
también yo habitaré en vosotros;
de una vivencia tan feliz,
tendréis que dar testimonio.
Cuando te maten, o te opriman,
por mi palabra proclamar,
recibirás sabiduría;
la vida eterna encontrarás.
La Palabra es como un sendero
por donde camina el amor;
es la verdad en todo tiempo,
y es la vida de una canción.
Con vosotros, como ya estaba,
seguiré siempre hasta el final;
estando en torno a la Palabra,
los reunidos me sentirán.
Todavía hay muchas verdades
que voy a decir a vosotros
en los signos espirituales,
a lo largo de años hermosos.